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Por Salvador Guerrero Chiprés
Se amplió cobertura de cámaras
¿Es posible emparejar la percepción de seguridad con la tendencia a la baja en la incidencia delictiva? ¿De qué depende considerar un espacio o territorio como más inseguro respecto a otro?
La capital nacional registra una disminución de 12 por ciento en los delitos denunciados en el último año; en el C5, los reportes de emergencias y urgencias, entre ellas las tentativas delictivas, disminuyeron 16 por ciento. Sin embargo, la ENSU del INEGI revela un incremento de dos puntos porcentuales en la percepción de inseguridad.
Comprender esa brecha es indispensable para evaluar cualquier política pública.
La evidencia muestra que la videovigilancia cumple una doble función. Por un lado, permite identificar responsables, reconstruir trayectorias, aportar evidencia y reducir la impunidad. Por otro, actúa como dispositivo simbólico del ordenamiento del espacio público.
La CDMX ha apostado por ese doble efecto. Pasar de 83 mil a más de 113 mil cámaras significa ampliar la cobertura, reducir puntos ciegos y acortar los tiempos de respuesta ante incidentes, así como fortalecer ese efecto de recuperación del espacio público.
Bajo esa lógica, los recorridos territoriales “Tótem por Tótem” —encuentros con la comunidad para socializar el funcionamiento de los equipos y conocer las necesidades de las zonas— traducen la tecnología en intervención concreta.
En ese contexto, la invitación de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, a que los medios incorporen también los avances en seguridad no busca ocultar la violencia, sino dialogar con la evidencia. No para negar el delito, sino para dimensionarlo con precisión.
La videovigilancia genera confianza e integrada a una estrategia territorial, acompañada de presencia institucional y comunicada con responsabilidad, puede cerrar la brecha entre lo ocurrido y lo percibido.