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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
La maquinaria finalmente entró a la calle Gante, pero lo hizo después de años de espera. El Ayuntamiento de Zumpango anunció el inicio de la segunda etapa de pavimentación de esta vialidad, con la colocación de concreto hidráulico, la renovación del alumbrado público y acciones de reforestación. Para los vecinos, la obra representa alivio; para la memoria colectiva, un recordatorio de la tardanza oficial.
Durante largo tiempo, la calle fue sinónimo de baches, polvo y riesgo constante. “No es que estemos en contra de la obra, al contrario, la necesitábamos desde hace mucho”, expresa un residente. La inconformidad no se centra en el proyecto, sino en el tiempo que tomó atender una demanda reiterada. Daños a vehículos, caídas y complicaciones para el tránsito cotidiano formaron parte del costo que asumieron las familias.
Las autoridades municipales destacan la durabilidad del pavimento y el carácter integral del plan, que conecta hasta el límite con Nextlalpan. Sin embargo, omiten explicar por qué la solución llegó cuando el deterioro ya era severo. Para los habitantes, la planeación tardía revela una gestión reactiva que responde cuando la presión social es insostenible.
El caso de la calle Gante, no es aislado. En distintas colonias de Zumpango se repite el mismo patrón: obras necesarias que se ejecutan con retraso. La comunidad no solo pide calles nuevas, sino gobiernos que atiendan a tiempo. La pavimentación avanza; la deuda con la confianza ciudadana, aún no se salda.