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Provocó el impacto filas kilométricas y desató escenas de pánico entre pasajeros y automovilistas. No se reportaron víctimas fatales solo personas con crisis nerviosas
REDACCION
El golpe se escuchó a varios metros, seco y brutal, como un cañonazo de acero. Cinco vehículos quedaron enlazados en una carambola feroz sobre el Periférico, justo antes de incorporarse a la autopista El Peñón-Texcoco.
Un camión de carga habría detonado el choque al no frenar a tiempo, arrastrando a los autos particulares como si fueran juguetes de hojalata. “Vi cómo se levantaban los coches, chocaron uno tras otro; pensé que ahí se morían”, relató un conductor con las manos aún temblorosas.
El asfalto quedó sembrado de cristales, defensas destrozadas y fluidos que corrían como sangre negra entre los carriles. El humo de los radiadores reventados se mezcló con el olor a caucho quemado, mientras sirenas y gritos rompían el aire.
Paramédicos atendieron a los lesionados entre fierros retorcidos y puertas atoradas; algunos conductores salieron por su propio pie, otros fueron auxiliados con visibles golpes y crisis nerviosas. “Fue un milagro que no hubiera muertos”, admitió un rescatista.
El colapso vial fue inmediato. Kilómetros de vehículos quedaron inmóviles, atrapados en una fila sin fin. Pasajeros descendieron de autobuses y combis para continuar a pie, esquivando restos de carrocería. “Llevamos casi una hora aquí, nadie avanza, es desesperante”, reclamó una mujer con niños en brazos.
Grúas y personal de emergencia trabajaron durante largos minutos para retirar los restos de la carambola y reabrir parcialmente la vialidad. La recomendación de usar rutas alternas llegó tarde para cientos de automovilistas ya atrapados. El Periférico volvió a demostrar su rostro más cruel: un corredor donde la velocidad, la imprudencia y el azar pueden convertir el trayecto cotidiano en una escena de terror sobre ruedas.