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Foto: Cuartoscuro

México

Deja Adán Augusto coordinación en Senado; “Que el pueblo juzgue”, afirma la presidenta

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  • Rechaza que haya un proceso en contra del senador tabasqueño
  • Avaló Sheinbaum el relevo de Ignacio Mier en la bancada guinda
  • Opina sobre el pleito de los diputados campechanos por el fuero

Juan R. Hernández

Ciudad de México.- En Palacio Nacional, el nombre de Adán Augusto López Hernández volvió a flotar en el aire, no como consigna ni como aplauso, sino como un eco incómodo que acompaña a los movimientos de poder. La presidenta Claudia Sheinbaum, firme detrás del atril, cerró filas y trazó una línea clara: la salida del tabasqueño de la coordinación de Morena en el Senado fue una decisión personal, sin descrédito político, sin expediente abierto, sin carpeta de investigación.

“Que el pueblo juzgue”, dijo la presidenta, y con esa frase trasladó el peso de la historia del escritorio presidencial al terreno donde la 4T dice sentirse más cómoda: la opinión pública. No hubo defensa apasionada ni deslinde abrupto. Hubo cálculo político y serenidad.

Sheinbaum descartó, una y otra vez, la existencia de investigaciones formales en la Fiscalía General de la República o en instancias federales. “¿Cuáles investigaciones?”, respondió ante la insistencia. “No hay denuncias, no hay procesos, no hay nada”, subrayó. Si alguien quiere denunciar, que lo haga. El mensaje fue tan directo como frío: no se protege a nadie, pero tampoco se persigue sin pruebas.

Mientras Adán Augusto deja la coordinación para “trabajar en territorio” rumbo a 2027, la presidenta avaló el relevo de Ignacio Mier, agradeció el trabajo legislativo de Morena, PT y PVEM, y defendió las reformas aprobadas. Para ella, no generan incertidumbre, sino certidumbre y desarrollo, aunque afuera el ruido político diga lo contrario.

Pero el país no se explica solo desde Palacio Nacional. A cientos de kilómetros, en Campeche, el conflicto político subió de tono. Legisladores locales confrontados con la gobernadora Layda Sansores, acusaciones de persecución política y el fantasma de un viejo conocido reapareciendo: el fuero constitucional.

Ahí, Sheinbaum eligió otra forma de responder. No con cifras, no con reformas, no con confrontación. Solo cuatro palabras: “Serenidad, paciencia, paz y amor”.

No fue ingenuidad. Fue mensaje. En Campeche, el fuero fue eliminado hace una década como símbolo de ruptura con el viejo régimen, ese donde los cargos eran escudos y la ley una excepción. Su posible regreso, justo ahora, no es casualidad.

Es el reflejo de sectores que, ante la rendición de cuentas, buscan blindarse.

La presidenta no entró al juego. No polarizó. No descalificó. Apostó al tiempo, a las instituciones y a una narrativa que la 4T ha repetido hasta el cansancio: nadie está por encima de la ley, pero tampoco se gobierna desde la revancha.

Adán Augusto, Campeche, el fuero, las denuncias que no llegan a tribunales y las tensiones que sí llegan a la calle forman parte del mismo tablero. Uno donde la transformación ya no se mide solo en reformas, sino en cómo se administra el conflicto.

Sheinbaum lo sabe. Por eso no defendió con furia ni atacó con dureza. Prefirió la calma como estrategia. Porque, en su lectura, la Cuarta Transformación no necesita privilegios para sobrevivir, ni fueros para protegerse.

Necesita algo más difícil: paciencia frente a la presión, serenidad ante la sospecha y confianza en que la justicia —cuando llega— debe hacerlo sin apellidos ni colores.

En Campeche y en todo México, el mensaje quedó claro: la respuesta no es el fuero.

Es la ley. Y el tiempo.

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