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El cerro Monte Alto, en Valle de Bravo, fue escenario de horas de angustia luego de que un cuarteto de niños de entre 10 y 15 años, se extraviaran durante un paseo recreativo
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
La tarde cayó como una sentencia en el cerro Monte Alto. Lo que inició como un paseo inocente terminó convertido en una pesadilla cuando cuatro menores desaparecieron entre la neblina y la espesura del bosque, provocando escenas de pánico entre familiares y vecinos de Valle de Bravo.
Con el paso de las horas y la luz extinguiéndose, la angustia se apoderó del lugar. “Ya no contestaban, pensamos lo peor”, relató una madre con la voz quebrada, mientras marcaba desesperadamente al 9-1-1. Esa llamada activó un operativo de búsqueda contrarreloj en un terreno traicionero, donde la noche y el frío se convierten en enemigos mortales.
Elementos de la Policía Estatal ingresaron al cerro con unidades todo terreno y linternas de alto alcance.
A pie, avanzaron entre raíces, barrancos y senderos falsos, gritando los nombres de los menores en un bosque que respondía con silencio. “Aquí cualquiera se pierde, no se ve nada cuando oscurece”, comentó un habitante de la zona que observaba con el rostro desencajado.
Las horas se hicieron eternas. El temor creció ante la posibilidad de caídas, ataques de animales o hipotermia. Finalmente, los gritos apagados rompieron la tensión: los cuatro menores fueron hallados juntos, desorientados, temblando y con el miedo marcado en el rostro.
“Creímos que no íbamos a salir, todo estaba oscuro”, murmuró uno de ellos mientras era cubierto con una manta térmica. Paramédicos confirmaron que, pese al agotamiento extremo, no presentaban lesiones graves. El reencuentro con sus familias fue una escena cargada de llanto, abrazos y alivio.
Autoridades estatales reiteraron el llamado a no internarse en zonas boscosas sin guía ni preparación. El cerro Monte Alto volvió a mostrar su cara más cruel: un lugar que no perdona errores y que, esta vez, permitió que la historia no terminara en tragedia, aunque dejó el terror tatuado en la memoria de cuatro menores y sus familias.