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El sistema de picos retráctiles para reventar neumáticos entró en operación en la Autopista Urbana Norte, como medida extrema de la concesionaria contra la evasión del peaje
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
La escena parece sacada de un punto de control de seguridad extrema: barreras con picos retráctiles listos para desinflar los neumáticos de quien intente pasar sin autorización. Pero no se trata de una frontera, sino de uno de los accesos a la Autopista Urbana Norte, sobre el Periférico, donde desde ayer la concesionaria Aleatica desplegó su arma definitiva contra la evasión del peaje: el sistema “Anti-Peaje” o, en el lenguaje coloquial, el ponchallantas.
El primer día de operaciones evidenció una peligrosa pugna.
Pese a la advertencia visible, en solo una hora 43 conductores intentaron ingresar sin pagar. Ante el riesgo inminente, trabajadores de la caseta, ubicada entre las alcaldías Miguel Hidalgo y el municipio de Naucalpan, se convirtieron en improvisados guardianes, señalando desesperadamente a los automovilistas para que retrocedieran o cubrieran el peaje, y dirigiendo a los renuentes hacia una salida lateral que evitara el desastre.
Su labor fue más de contención que de cobro: un parche humano frente a una solución tecnológica agresiva.

La empresa justifica la medida con cifras contundentes: la evasión aumentó 150% durante 2025. Las pérdidas, en accesos como Alencastre, alcanzaban hasta medio millón de pesos mensuales por cerca de 200 vehículos diarios que burlaban el pago. El sistema, ya activo en seis puntos de la capital y el Estado de México, se extenderá a los 16 accesos restantes de sus vialidades a lo largo de 2026.
Sin embargo, la denuncia social surge al observar el fondo del conflicto. La respuesta no fue un ajuste tarifario, una mejora en la fluidez de las vías libres ni una revisión integral de la política de movilidad. Fue la instalación de una barrera punzante. Para las familias que transitan diariamente por la zona, el mensaje es claro: su seguridad física puede ponerse en riesgo como medida de disuasión por una deuda de peaje que oscila entre 4 y 132 pesos.
La medida convierte un problema de gestión, economía familiar y oferta de transporte en un enfrentamiento directo y potencialmente dañino entre el automovilista y la infraestructura.
La pregunta que flota entre el humo de los escapes y la tensión en las casetas es si pinchar llantas es realmente la solución a un fenómeno masivo de evasión o si, por el contrario, es la evidencia de un diálogo roto y de la incapacidad para atender las causas profundas —económicas, sociales y de planeación urbana— que llevan a cientos de personas a arriesgarse de forma tan temeraria. Hoy, la autopista suma un nuevo elemento: un sistema de castigo instantáneo que pone en el aire no solo el caucho de los neumáticos, sino la sensación de un espacio público cada vez más hostil.
