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La mañana del viernes un robo armado dentro de un autobús que circulaba por la carretera México–Puebla dejó a un pasajero gravemente herido
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
El viernes el trayecto matutino se transformó en una escena de terror para decenas de pasajeros que viajaban en un autobús del transporte público sobre la carretera México–Puebla, en el tramo conocido como Puente Blanco, en el municipio de Valle de Chalco.
Eran las primeras horas de la jornada cuando tres sujetos armados abordaron la unidad y, bajo amenazas, comenzaron a despojar a los usuarios de sus pertenencias.
La situación escaló de manera violenta cuando uno de los pasajeros, un hombre de aproximadamente 40 años, intentó resistirse al asalto. Sin mediar palabra, los agresores accionaron sus armas de fuego dentro del camión.
Al menos seis detonaciones rompieron el silencio; dos de los disparos impactaron al ciudadano, quien cayó gravemente herido ante la mirada atónita de mujeres, estudiantes y trabajadores que viajaban en la unidad.
Tras el ataque, los delincuentes obligaron al conductor a detenerse metros adelante para facilitar su huida. Con el botín en mano, escaparon sin que ninguna autoridad lograra interceptarlos.
El autobús quedó varado, convertido en evidencia de una violencia que se repite con alarmante frecuencia en esta ruta.
Minutos después, paramédicos de Protección Civil y de la Cruz Roja brindaron atención de emergencia al lesionado y lo trasladaron a un hospital, mientras elementos de seguridad acordonaban la zona. Sin embargo, como en otros casos similares, no se reportaron personas detenidas.
Vecinos del Valle de Chalco señalan que este ataque no es un hecho aislado, sino el reflejo de una problemática persistente. En menos de una semana se han documentado al menos tres asaltos en el mismo corredor vial, utilizado diariamente por miles de familias. La falta de vigilancia y patrullaje ha convertido el transporte público en un espacio de vulnerabilidad permanente.
La denuncia social es clara: mientras no exista una estrategia eficaz de seguridad, los usuarios seguirán viajando con miedo. Para las comunidades afectadas, cada asalto sin castigo profundiza la sensación de abandono y confirma que, hoy por hoy, trasladarse sigue siendo una apuesta peligrosa.