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Amistades chintololas peligrosas 

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Por Lengua larga

Dicen por ahí que en Azcapotzalco las cosas nunca salen como se planean. Y la política, que ya de por sí es experta en el tropiezo, ahí parece ensayarlo con especial dedicación.

El caso de César Olivares es ilustrativo. Despedido de la alcaldía tras ser subdirector de Vía Pública, luego de protagonizar un choque automovilístico presuntamente en estado inconveniente, conduciendo un vehículo oficial y con un menor de edad a bordo. Un episodio que parecía escrito para el archivo muerto de la política local.

Pero no. En Azcapotzalco, los archivos muertos resucitan.

Meses después, el exfuncionario reapareció sonriente, casi reivindicado, gracias al abrazo político de Gerardo Trejo, quien decidió sacarlo del congelador y llevarlo como invitado distinguido a la inauguración de una casa obradorista en la demarcación. Ahí mismo también fue vista la concejal María Teresa Álvarez, cuyo ascenso político está ligado directamente a Olivares, de quien fue secretaria cuando éste era concejal. La lealtad, al parecer, también se recicla.

Y mientras a unos se les revive sin pudor, a otros se les intenta enterrar… con resultados opuestos.

Ahí está el caso de Gaby Jiménez, la morenista que fue abucheada durante un evento en Azcapotzalco, presuntamente por órdenes de la alcaldesa Nancy Núñez. La escena pretendía ser una demostración de fuerza política; terminó siendo un boomerang.

Porque mientras desde el poder local buscaban minar la carrera de Jiménez, la violencia ejercida en su contra no hizo más que fortalecerla, darle visibilidad y colocarla en el papel que más réditos da en estos tiempos: el de víctima de los excesos internos.

Así, en Azcapotzalco, querían hundir a Gaby Jiménez y la hicieron más fuerte. Y al personaje que muchos consideran políticamente indefendible, lo reviven, lo exhiben y lo colocan sonriente en la foto del evento, como si la memoria pública fuera tan frágil como un boletín de prensa.

Moraleja local: en esta demarcación nada sale como se calcula. Los abucheos impulsan carreras y los escándalos se maquillan con sonrisas. Porque aquí, más que estrategia, lo que sobra es torpeza política.

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