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El estallido al interior de una bodega irregular en Los Reyes San Salvador, dejó como saldo la muerte de un muchacho de 29 años, quien sufrió graves quemaduras
REDACCION
GRUPO CANTÓN
El estruendo sacudió casas, ventanas y corazones. En segundos, una bodega se convirtió en un infierno. La tarde del miércoles, en la comunidad de Los Reyes San Salvador, en Texcoco, una violenta explosión de cohetes apagó la vida de un joven de 29 años, dejando tras de sí humo, gritos y olor a pólvora quemada.
De acuerdo con vecinos, el estallido fue seco y brutal. “Sentimos que la tierra tembló, luego vino el humo y supimos que algo muy grave había pasado”, relató un habitante, aún con el rostro pálido por el miedo. Dentro de la bodega, presuntamente utilizada para almacenar o manipular pirotecnia, el joven quedó gravemente herido, con quemaduras profundas y múltiples lesiones provocadas por la onda expansiva.
Familiares, presas del pánico, lo sacaron entre escombros y lo trasladaron por sus propios medios al Hospital Guadalupe Victoria.
El trayecto fue una carrera contra la muerte. “Iba muy mal, sangrando, apenas respiraba”, narró un testigo. En el hospital, médicos intentaron estabilizarlo, pero las heridas eran devastadoras. Horas después, el joven murió, consumido por la violencia del estallido.
La identidad de la víctima fue reservada por autoridades ministeriales, mientras se realizan las diligencias correspondientes. Hasta el momento, no se ha informado sobre responsables ni sanciones derivadas del uso de este inmueble para actividades de alto riesgo.
Más allá del drama humano, el caso reaviva una denuncia política constante: la tolerancia y omisión frente a bodegas clandestinas de pirotecnia en Texcoco. Cada explosión es una advertencia ignorada. Cada muerte, una factura que pagan las familias mientras la pólvora sigue circulando sin control.