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Caso Tren Interoceánico: Rodean descarrilamiento, anomalías y omisiones

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Una cadena de omisiones graves: los operadores no activaron la válvula de freno de emergencia, pese al exceso de velocidad con el que se desplazaba el convoy

REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN

Ciudad de México.- De ser encontrados culpables, los tres imputados por el descarrilamiento del Tren Interoceánico ocurrido en Oaxaca podrían enfrentar penas de 5 a 20 años de prisión por homicidio culposo, además de la destitución e inhabilitación para ejercer cargos públicos, así como una sanción adicional de 3 a 6 años por lesiones culposas. Así lo establece la orden de aprehensión girada por la jueza de control Diana Isabel Ivens Cruz, a petición de la FGR.

Hasta el momento, la FGR detuvo a Felipe de Jesús Díaz Gómez, conductor, y a Ricardo Mendoza Cerón, jefe de despachadores de la locomotora FIT3027, que se volcó en la línea Z, dejando un saldo de 14 personas muertas y casi 100 lesionadas. En tanto, Emilio Erasmo Canteros Méndez, maquinista del tren, permanece prófugo.

La investigación federal, encabezada por Ernestina Godoy Ramos, revela una cadena de omisiones graves: los operadores no activaron la válvula de freno de emergencia, pese al exceso de velocidad con el que se desplazaba el convoy. Más aún, se confirmó que dos de ellos no contaban con licencia federal ferroviaria vigente.

La FGR también documentó que Mendoza Cerón, en su calidad de jefe de despachadores, tenía la obligación de intervenir ante una emergencia, lo cual nunca ocurrió. Aunque se realizaron revisiones previas —incluida prueba de alcoholímetro y verificación de frenos—, estas resultaron insuficientes para evitar la tragedia.

A las fallas humanas se sumaron deficiencias técnicas. La indagatoria señala que, por el tipo de locomotora, el conductor no contaba con velocímetro, lo que le impedía conocer la velocidad real del tren. Además, cámaras de vigilancia y sistemas de comunicación no estaban habilitados por falta de software compatible.

El caso exhibe un sistema ferroviario con vacíos operativos, supervisión laxa y responsabilidades diluidas, donde la combinación de negligencia, falta de licencias y equipos incompletos terminó por cobrar vidas.

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