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La crisis política tiene paralizado al municipio, aunque el Gobierno del Estado de México intervino, todo apunta a diferencias irreconciliables entre la alcaldesa y su cabildo
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
El municipio de El Oro atraviesa uno de los episodios de mayor inestabilidad política de los últimos años, al grado de requerir la intervención directa del Gobierno del Estado de México para evitar un rompimiento definitivo del orden institucional.
El conflicto, que enfrenta a la alcaldesa Juana Elizabeth Díaz Peñaloza con su propio cabildo, mantiene al ayuntamiento paralizado y a la población sumida en la incertidumbre.
La crisis se detonó por señalamientos de mala gestión municipal, falta de coordinación interna y un deterioro visible en los servicios públicos. Vecinos y regidores han denunciado desabasto de agua, fallas en el alumbrado público, suspensión de la recolección de basura y el cierre del rastro municipal, situaciones que afectan de forma directa a las familias del municipio. Estas condiciones provocaron al menos tres manifestaciones ciudadanas desde noviembre de 2025, una de ellas marcada por la retención momentánea de funcionarios.
Ante la escalada del conflicto, el gobierno estatal, encabezado por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez, activó mesas de diálogo en Toluca con la participación de la alcaldesa y los regidores inconformes. Las negociaciones han sido coordinadas por el secretario general de Gobierno, Horacio Duarte Olivares, y la Subsecretaría General de Gobierno, a cargo de Alejandro Viedma Velázquez, en un intento por destrabar el enfrentamiento político.
Las reuniones han sido extensas y tensas. Aunque se han planteado auditorías, ajustes administrativos y compromisos de transparencia, el principal obstáculo sigue siendo la exigencia del cabildo para que Díaz Peñaloza deje el cargo. Esta postura ha prolongado el conflicto y mantiene en vilo a un municipio cuya actividad económica, turística y social se encuentra severamente afectada.
Mientras el diálogo continúa, El Oro vive las consecuencias de un gobierno municipal fracturado. La magia que distingue al municipio, se diluye entre disputas políticas, evidenciando cómo la falta de acuerdos y oficio gubernamental, convierte la inestabilidad política, en un problema cotidiano para sus habitantes.