45 lecturas
Por Ricardo Sevilla
El gobernador de Querétaro, Mauricio Curi, está loco. Hace unos días, lanzó una frase que, aunque disfrazada de ironía, activó las alarmas de la gente sensata: Hay que hacer un muro en Querétaro y que lo paguen ellos”. Palabras más, palabras menos.
Lamentablemente, no es una ocurrencia aislada. Es la importación de una estrategia de comunicación política, que en sociología se denomina outgrouping, que significa señalar a un enemigo externo.
En este caso, el enemigo no es extranjero, sino vecinos de Querétaro, qué pueden llegar a esa entidad provenientes de otros lugares del país.
Kuri, que se siente orgulloso de su corazón panista, pretende capitalizar el malestar urbano (tráfico, escasez de agua, inseguridad) y echarle la culpa al “otro”, al “extranjero”, que viene de fuera, eximiendo a su administración y a su planificación infraestructural deficiente.
Kuri no entiende nada de sociología. Ni de política. El gobernador panista debería saber que la “calidad de vida” se presenta como un bien posicional. Y hay que echarle los datos duros en la cara.
Y es que, de acuerdo con datos de percepción ciudadana, el 40% de los residentes locales (queretanos y queretanas) asocian la llegada de foráneos con el aumento de la delincuencia, a pesar de que las estadísticas del SESNSP muestran correlaciones más complejas ligadas al crimen organizado, no a la migración habitacional.
Pero eso, desde luego, el mandatario panista jamás lo reconocerá.
Al decir “que lo paguen ellos”, Kuri no solo describe una imposibilidad política (la suya), sino que crea una realidad social donde el migrante interno es un deudor y un invasor.
El gobernador panista está dejando ver un rechazo al espacio público compartido. Pero así son ellos, los panistas, padecen psicosis: la psicosis de la élite apapachada.