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Agentes asesinos del ICE

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Por Eduardo López Betancourt

elb@unam.mx

La violencia y la hostilidad contra los latinoamericanos en Estados Unidos han alcanzado niveles alarmantes. En el marco de una política migratoria cada vez más severa, autoridades detienen a personas a quienes consideran indocumentadas mediante prácticas brutales, llegando incluso a privar de la libertad a ciudadanos y residentes sin vínculo alguno con irregularidades migratorias. Este mecanismo parece sustentarse más en la sospecha y el prejuicio que en el respeto a la legalidad.

Recientemente, estas acciones derivaron en el asesinato de dos personas, hechos que han provocado protestas y expresiones de condena. La comunidad internacional ha calificado este comportamiento como inaceptable y demanda una respuesta firme por parte de los organismos multilaterales. Aunque la experiencia demuestra que dichas instancias suelen ser ineficaces, al menos deberían exhibir una postura moral clara y acorde con la gravedad de los acontecimientos.

Es comprensible que la política migratoria de Estados Unidos se haya endurecido y que el presidente Donald Trump haya manifestado reiteradamente su rechazo a la inmigración ilegal. Sin embargo, ninguna directriz gubernamental justifica el trato inhumano, la violencia institucional ni la penalización indiscriminada de quienes buscan una vida mejor. La mayoría de los migrantes son trabajadores responsables y ciudadanos ejemplares.

Resulta indispensable reconocer una verdad elemental: en todos los países y culturas existen individuos reprobables, pero también hay personas honestas, laboriosas y comprometidas con la sociedad. Los latinoamericanos no son la excepción. Merecen ser tratados con dignidad, respeto y bajo principios de justicia y humanidad. Por ello, la comunidad internacional debe alzar la voz y exigir un cambio en la política migratoria estadounidense.

El presidente Trump debe entender que así como existen latinos que delinquen, también los hay estadounidenses, ingleses, rusos y personas de cualquier nacionalidad que incurren en conductas perversas o criminales. Generalizar y estigmatizar a comunidades enteras es una práctica injusta y peligrosa. En contraste, los hombres y mujeres que llegan del sur se han distinguido, en su gran mayoría, por su esfuerzo, responsabilidad y valiosa contribución a la sociedad que los recibe.

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