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Por Jorge Gómez Naredo
@jgnaredo
Fue en Minneapolis, en Estados Unidos. Se llamaba Alex Pretti. Un hombre tranquilo, enfermero de profesión, especializado en terapia intensiva. Trabajaba en una clínica que atendía a veteranos estadounidenses. Un buen tipo.
En Estados Unidos, la gente tiene derecho a portar armas. Se puede estar a favor o en contra de esa medida, pero es la ley vigente en ese país. Es común que las personas tramiten permisos y porten una pistola para su defensa personal. Así lo hacía Pretti.
En Minneapolis se han registrado recientemente manifestaciones contra el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos, conocido como ICE. El motivo: el pasado 7 de enero, Renee Nicole Good, activista, fue asesinada por un agente migratorio cuando intentaba retirarse en su camioneta del lugar donde el ICE realizaba un operativo.
El clima en la ciudad es de indignación. Por eso, cuando Pretti vio que agentes del ICE golpeaban y abusaban de una mujer, decidió intervenir. Sacó su celular y comenzó a grabar. Un agente lo roció con gas lacrimógeno, mientras otros seis comenzaron a golpearlo. Uno de ellos lo desarmó -Pretti nunca sacó el arma que portaba legalmente- y, segundos después, otro agente le disparó en repetidas ocasiones. Murió en el lugar.
El gobierno de Donald Trump afirma que Pretti era una persona peligrosa. Es falso. Las únicas infracciones que se le conocen son algunas multas de tránsito.
Estados Unidos, que durante años se presentó como el país de las libertades y la democracia -una afirmación siempre debatible-, se ha convertido en un territorio donde operan agentes del ICE que actúan como la Gestapo, la policía secreta de Adolf Hitler, que ejecutaba personas sin miramientos.
Sí: Estados Unidos se parece cada día más a la Alemania nazi, un país donde cualquiera puede ser asesinado y el asesino jamás castigado. No hay duda: estamos presenciando, en tiempo real, la decadencia de un imperio que se acerca a su caída.