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Por Eduardo López Betancourt
elb@unam.mx
GENERÓ ESPECULACIONES
Recientemente aterrizó en nuestro país un avión militar estadounidense Lockheed Martin C-130J Hércules, hecho que generó un sinnúmero de especulaciones. No obstante, la presencia de esta aeronave ha sido ampliamente explicada por las autoridades mexicanas, por lo que debe descartarse cualquier versión que sugiera la realización de operaciones militares estadounidenses contra los llamados grupos criminales o cárteles.
El C-130J Hércules es una aeronave de transporte táctico, utilizada principalmente en misiones de apoyo logístico y ayuda humanitaria. Despegó de la base aérea de Dyess, en Texas, tiene capacidad para 64 soldados y cuenta con cuatro motores turbohélice. Conviene subrayar que no es un hecho novedoso que aviones militares estadounidenses aterricen en México; se trata de una práctica relativamente frecuente, generalmente vinculada a tareas de cooperación, logística o asistencia previamente acordadas entre ambos gobiernos.
Ante los señalamientos realizados por la Presidenta Claudia Sheinbaum, resulta indispensable despejar cualquier interpretación que intente vincular esta aeronave con acciones destinadas a combatir a los grupos criminales que operan en el País.
Ello cobra especial relevancia si se considera que el Presidente estadounidense Donald Trump, ha manifestado en diversas ocasiones su intención de catalogar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas.
Frente a tales escenarios, el gobierno mexicano ha sido categórico: bajo ninguna circunstancia se permitirá la presencia de tropas extranjeras en suelo nacional para combatir al narcotráfico.
Sin embargo, también debe reconocerse una realidad inquietante: existen sectores de la sociedad que, impulsados por la desesperación ante la violencia, llegan a aplaudir la idea de una intervención extranjera como solución al creciente nivel de criminalidad.
Jamás será deseable que fuerzas extranjeras operen en México bajo el pretexto del combate al narcotráfico. No obstante, esta postura de autoridad debe ir acompañada de una lucha interna más firme, seria y eficaz, pues defender la soberanía también implica garantizar seguridad, legalidad y resultados reales para la población.