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Por Salvador Guerrero Chiprés
@guerrerochipres
La Ciudad de México decidió escribir su memoria histórica en un plural vibrante y compartido. El desfile por el 170 aniversario del Heroico Cuerpo de Bomberos en el Zócalo fue la coreografía de una transformación profunda con las mujeres en el centro del honor.
Al nombrar la efeméride como el Día de la Bombera y el Bombero —a conmemorarse cada 25 de enero, en uno de los días definidos como Naranja—, la administración de Clara Brugada realiza un acto de justicia poética y administrativa que trasciende el protocolo.
Lo celebrado como el Tiempo de Vulcanas es la consolidación de una institución que se atreve a mirarse en el espejo de la equidad para fortalecer su propia mística de servicio.
El reconocimiento del Jefe de los Bomberos, Juan Manuel Pérez Cova, al trabajo de las mujeres, representado por Lucero Rosas en el presídium, es demostración del cambio.
Esta imagen es el testimonio de una nueva era: una donde el liderazgo femenino no es una excepción, sino un componente esencial de la operación. Y aún falta escalar a las posiciones de mando.
En este ejercicio de memoria, Brugada trazó una línea de continuidad histórica que otorga a las y los bomberos un papel protagónico en la formación del Estado mexicano, recordando su presencia vital en los años de 1910 y 1917. Rescate de la esencia de una corporación que ha sido el escudo de la capital.
El análisis de este aniversario nos remite inevitablemente al Presidente Ignacio Comonfort, quien en 1856 sentó las bases de una de las instituciones más queridas por las y los capitalinos. Si entonces se puso la primera piedra de la protección civil, la gestión actual construye los pisos superiores de una casa donde todas y todos caben.
Tiempo de Vulcanas es, en esencia, una celebración del mérito. La robustez del cambio percibido en la armonía con la cual se abrazan tradición y vanguardia.