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Fueron asesinados una mujer y su hijo a balazos mientras circulaban en motocicleta por la zona conocida como la Y griega, en el barrio de Atzacoalco
REDACCIÓN
La mañana apenas despertaba cuando la muerte salió al cruce en el barrio de Atzacoalco, en Teoloyucan.
Eran cerca de las siete horas cuando una madre y su hijo avanzaban en motocicleta por la llamada Y griega, sin imaginar que el trayecto cotidiano se convertiría en su última ruta.
De pronto, hombres armados les cerraron el paso y descargaron una lluvia de balas, sin aviso y sin compasión.
Los disparos rompieron el silencio dominical como latigazos. Los cuerpos cayeron de golpe sobre el pavimento, entre la motocicleta volcada, charcos de sangre y casquillos regados como semillas de muerte. No hubo auxilio posible. La mujer y el joven quedaron inmóviles, con los ojos abiertos al cielo gris de la impunidad.
“Fue espantoso… primero pensé que eran cohetes, pero luego vi a la señora tirada y al muchacho lleno de sangre”, relató un vecino, aún con la voz temblorosa. Otros habitantes salieron de sus casas y se toparon con la escena brutal, mientras algunos familiares llegaban para reconocer a los suyos entre gritos y llanto desgarrado.
De manera extraoficial, trascendió que las víctimas eran originarias de Santa María Huecatitla y se dedicaban al cobro semanal por la venta de artículos domésticos, actividad que podría haberlos convertido en blanco del crimen. Nadie confirma, nadie explica.
La policía municipal acordonó la zona, pero el tiempo se volvió enemigo de la dignidad. El Ministerio Público apareció casi cuatro horas después, obligando a vecinos y familiares a convivir con los cadáveres tendidos bajo el sol. La rabia creció al ritmo de la espera.
Dos vidas fueron arrancadas a balazos; el expediente apenas comienza. En Teoloyucan, la violencia vuelve a cobrar sin recibo y sin castigo.