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Las interferencias y el arbitraje

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Por Eduardo López Betancourt

elb@unam.mx

El vocablo interferencia tiene diversas acepciones y se utiliza en distintos ámbitos. En el futbol americano constituye una de las faltas más sancionadas: la interferencia de pase. Esta ocurre cuando un jugador, al intentar recibir un balón, es impedido de hacerlo mediante una acción ilegal del adversario. En tales casos, el árbitro invalida la jugada defensiva, concede la recepción de manera automática y el balón se coloca en el punto de la falta.

Se trata, sin embargo, de una infracción profundamente subjetiva, ya que su apreciación depende del criterio del árbitro. Para algunos, un simple contacto es suficiente para marcar la falta; para otros, aun el uso evidente de la fuerza pasa inadvertido. Esta disparidad provoca que, con frecuencia, los encuentros se vean afectados por decisiones equivocadas que alteran el desarrollo del juego.

Un ejemplo reciente se presentó durante los playoffs, cuando se enfrentaron los Bills de Buffalo, del estado de Nueva York, y los Broncos de Denver, Colorado. Ambos equipos mostraron virtudes y errores, y el partido concluyó empatado al término del tiempo reglamentario, es decir, tras cuatro periodos de quince minutos, lo que obligó a disputar tiempo extra.

Fue precisamente en ese quinto periodo donde el resultado quedó marcado por el arbitraje. Dos interferencias de pase inexistentes, fueron señaladas a favor de Denver. En ninguna de las jugadas se impidió realmente que el receptor capturara el balón; no obstante, las decisiones arbitrales inclinaron el marcador y permitieron el triunfo del equipo de Colorado.

A este problema se suma otro fenómeno igualmente lamentable: la conducta del público. El ruido excesivo, la violencia verbal y las provocaciones afectan la concentración del equipo visitante. Resulta evidente que, en muchos estadios de futbol americano, las normas básicas de convivencia y respeto han sido relegadas. Este aspecto merece un análisis serio y responsable por parte de los grandes magnates y autoridades del deporte, pues no solo está en juego la calidad del espectáculo, sino también la credibilidad, la ética deportiva y el respeto que debe prevalecer dentro y fuera del emparrillado.

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