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Por Eduardo López Betancourt

elb@unam.mx

El Foro Económico Mundial de Davos es una organización fundada en 1971 por el destacado economista suizo Klaus M. Schwab, con el propósito de reunir a líderes empresariales; con el paso del tiempo, a este espacio se han incorporado también jefes de Estado, líderes políticos, representantes de la sociedad civil y de los principales medios de comunicación del mundo.

La asistencia a este foro es estrictamente por invitación y su razón de ser radica en el análisis y la discusión de los grandes desafíos globales, particularmente la pobreza, el cambio climático y la desigualdad. Davos busca fomentar la cooperación entre los sectores público y privado y, en distintos momentos de su historia, ha contribuido a reducir tensiones internacionales, como ocurrió en el mundo árabe o en el prolongado conflicto entre Grecia y Turquía.

El Foro vuelve a celebrarse en Davos, Suiza, con la presencia de figuras de primer nivel; sin embargo, también se han registrado posturas confrontacionales que poco abonan a la estabilidad global. Ejemplo de ello fue el discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, de tono marcadamente severo, que provocó una ovación entre los asistentes. En su intervención sostuvo que había llegado el fin de la hegemonía estadounidense y lanzó críticas directas al Presidente Donald Trump. “Cada día vivimos una era de rivalidad entre grandes potencias”, afirmó, al tiempo que exhortó a que “las potencias medias actúen de manera conjunta”.

Las declaraciones del primer ministro canadiense reflejan una realidad innegable. En la misma línea, el Presidente francés Emmanuel Macron advirtió que Europa cuenta con herramientas suficientes para responder contra quienes no la respeten. El mensaje estuvo claramente dirigido a Washington y, en particular, al presidente Trump, quien de manera recurrente amenaza con la imposición de aranceles, generando un clima de incertidumbre y tensión internacional.

Lo deseable es que, en una reunión de esta magnitud, se retome el espíritu original del Foro Económico Mundial y se traduzca en beneficios concretos para la población, especialmente para quienes padecen pobreza extrema y carecen de oportunidades reales de desarrollo.

Es momento de respaldar con seriedad a quienes más lo necesitan y de abandonar la demagogia, el exhibicionismo político y las falsedades que, lejos de resolver los problemas del mundo, solo profundizan la desigualdad y el desencanto social.

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