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Se registró un choque frontal en la carretera Toluca–Ciudad Altamirano, a la altura de la comunidad La Peñuela, en el municipio de Zinacantepec
REDACCION
En Zinacantepec la carretera volvió a cobrar vidas. Entre fierros retorcidos, vidrios rotos y un silencio sepulcral, una madre y su hijo encontraron la muerte atrapados en lo que quedó de su automóvil, tras un brutal choque frontal que estremeció a automovilistas y vecinos de la zona.
Los hechos ocurrieron la mañana de este miércoles, en el kilómetro 27 de la carretera Toluca–Ciudad Altamirano, a la altura de la comunidad La Peñuela. Humberta, de 70 años, y su hijo Eduardo, de 35, viajaban a bordo de un Nissan Tsuru rojo cuando se toparon de frente con una camioneta Ford F350 con caja, cuyo peso y velocidad resultaron letales.
El impacto fue devastador. El compacto quedó reducido a chatarra, con el frente completamente aplastado y los cuerpos prensados entre el tablero y los asientos. “Fue un golpe seco, horrible… cuando nos acercamos vimos sangre y el coche hecho pedazos, ya no había nada que hacer”, narró un testigo aún conmocionado por la escena.
Paramédicos que arribaron tras el reporte solo confirmaron la muerte instantánea de ambas víctimas. No hubo oportunidad de rescate: la fuerza del choque les arrebató la vida en segundos. Policías estatales acordonaron el área mientras peritos realizaban el levantamiento de los cuerpos, ante la mirada de familiares que llegaron para identificar a los fallecidos, originarios de Temascaltepec.
El conductor de la camioneta fue detenido en el lugar y trasladado ante el Ministerio Público para rendir su declaración. Autoridades no descartan que las obras de remodelación de la vía, con carriles reducidos y señalización deficiente, hayan contribuido a la tragedia.
La carretera, convertida en una trampa mortal, volvió a dejar claro que cada kilómetro mal planeado puede terminar en una sentencia de muerte. Dos vidas se apagaron y el asfalto quedó marcado, una vez más, por el rastro de la tragedia.