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Por Xóchitl Bravo Espinosa
El rescate de unos 950 perros y gatos del Refugio Franciscano sigue generando polémica. Casi 15 días después, hay quienes insisten en que esta acción del Gobierno de la Ciudad de México tiene como verdadera intención que el predio donde se ubicaba dicho albergue, en Cuajimalpa, sea destinado a un desarrollo inmobiliario. Qué equivocados están. La preocupación por sus intereses hace que se les olvide lo más importante: la vida de estos seres sintientes.
Quien sí se preocupa y ocupa por el bienestar de lomitos y michis es nuestra Jefa de Gobierno, Clara Brugada. Su decisión de rescatar a los que se encontraban en el Refugio Franciscano no sólo fue certera y valiente, sino demostró su compromiso ético con los animales, más allá de intereses mercantilistas.
Es justo reconocer a la Mandataria capitalina y a la Procuraduría Ambiental y de Ordenamiento Territorial (PAOT), así como a otras instancias gubernamentales, por los cuidados que actualmente se brindan a los animalitos rescatados.
Ello lo pudimos comprobar el 15 de enero, cuando diputadas y diputados de las fuerzas políticas representadas en el Congreso capitalino asistimos al Albergue Temporal ubicado en el Deportivo Los Galeana, en la Alcaldía Gustavo A. Madero, donde hay 183 perritos que comen bien, corren felices, duermen tranquilos y un grupo de veterinarios revisa su salud. Reciben atención y amor en un espacio digno, seguro y lleno de cuidados.
Pero qué sigue. En el Congreso local nos corresponderá sacar adelante una ley que regule refugios y albergues de seres sintientes, la cual se construirá con la que nos envíe la Jefa de Gobierno y otras iniciativas de legisladores, así como con las propuestas de expertos y organizaciones animalistas. Sin embargo, el verdadero final feliz para los perritos y gatitos llegará con la adopción responsable.
Desde estas líneas, te hacemos un llamado querido lector, a que abras tu hogar y tu corazón a uno de estos angelitos y que cambies su vida para siempre. Sigamos construyendo una ciudad animalista, donde seamos voz de quienes no tienen voz.