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REDACCION
GRUPO CANTÓN
Los recientes nombramientos en la Secretaría de Movilidad y en la Junta de Caminos del Estado de México, no responden a una planeación estratégica, sino a la necesidad política de cerrar ciclos marcados por el fracaso. La toma de protesta de nuevos titulares ocurre tras gestiones ampliamente cuestionadas que deterioraron la confianza ciudadana y exhibieron la fragilidad del control interno en áreas clave del gobierno estatal.
En el caso de Movilidad, la salida de Daniel Sibaja deja un saldo negativo difícil de ocultar. Durante su gestión no se registraron mejoras sustantivas en el transporte público, persistieron las quejas por unidades obsoletas, inseguridad y desorden, y, lejos de aliviar la carga social, se decretó un nuevo aumento a la tarifa del transporte público que impactó directamente a millones de familias.
A ello se sumaron señalamientos por excesos personales, como la ostentosa boda que trascendió por su presunto costo millonario, contrastando con la precariedad cotidiana de los usuarios del transporte.
La Junta de Caminos tampoco quedó exenta del descrédito. Su anterior director tuvo que dejar el cargo luego de ser grabado en estado inconveniente dentro de un bar, acompañado de un diputado federal, un episodio que evidenció falta de profesionalismo y debilitó aún más a una institución responsable de obras viales estratégicas.
Los nuevos funcionarios heredan dependencias golpeadas por la mala gestión y el escándalo. Sin embargo, para la ciudadanía el simple cambio de nombres no garantiza un viraje real. El relevo llega tarde y obligado, como respuesta a errores acumulados que afectaron la movilidad, el bolsillo y la confianza pública. La exigencia social es clara: resultados tangibles y transparencia, no más improvisación ni frivolidad en cargos que inciden directamente en la vida diaria de los mexiquenses.