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Un escenario de no renovación del Tratado de Libre Comercio daría como resultado recesión, desempleo y afectación de cadenas productivas regionales
JUAN R. HERNÁNDEZ
GRUPO CANTÓN
Ciudad de México.- El reciente endurecimiento del discurso de Donald Trump contra México volvió a encender las alertas, ahora con un nuevo blanco: el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Para el doctor Juan Daniel Garay Saldaña, especialista en relaciones México–Estados Unidos de la UNAM, no se trata de una ocurrencia aislada, sino de una estrategia de presión rumbo a la revisión del acuerdo prevista para julio próximo.
En entrevista con Diario Basta, Garay explicó que los señalamientos de Trump buscan marcar desde ahora su postura frente a México y Canadá, enviando un mensaje claro a sus socios comerciales y a los sectores productivos estadounidenses. “Es un método de presión política y económica; está anunciando cuál será su línea dura en la negociación”, apuntó.
El académico advirtió que una eventual ruptura del T-MEC tendría consecuencias “gravísimas” para los tres países. Aunque Trump sostiene que México y Canadá son los más dependientes del acuerdo, Garay subrayó que Estados Unidos también resultaría severamente afectado debido a la profunda integración regional. “No afectaría a todos por igual, hay asimetrías, pero sin duda Estados Unidos también saldría muy golpeado”, afirmó.
Entre los sectores más vulnerables destacó la industria automotriz, eje del discurso de Trump y pilar económico para México. Tan solo este sector genera alrededor de un millón de empleos directos e indirectos en el país. A ello se sumaría un aumento del desempleo, caída de inversiones, presiones inflacionarias y afectaciones al tipo de cambio, considerando que México destina cerca del 80 por ciento de sus exportaciones al mercado estadounidense.
Garay calificó como “catastrófico” el escenario de no renovación del T-MEC, pues impactaría las cadenas de suministro, la industria agropecuaria y la manufactura, poniendo en riesgo cerca de nueve millones de empleos vinculados al comercio con Estados Unidos e incluso detonando una recesión económica de corto plazo.
Ante este panorama, recomendó a la presidenta Claudia Sheinbaum impulsar una estrategia de unidad nacional y fortalecer alianzas con empresarios y grupos de interés en Estados Unidos para que sean ellos quienes defiendan el acuerdo. “El lobby económico y político en Washington será clave”, sostuvo, además de aprovechar coyunturas como el Mundial de 2026 para reforzar la cooperación trilateral.
Finalmente, el especialista llamó a mantenerse atentos a lo que ocurra rumbo al 1 de julio, fecha clave para el futuro del tratado, del que depende buena parte de la estabilidad económica de la región.