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Hallan un cuerpo molido a golpes… El cadáver presentaba múltiples heridas que le destrozaron la vida

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Un joven fue localizado sin vida con huellas brutales de violencia entre un sembradío de maíz en La Campesina, Tenango del Valle, sin identificación alguna

REDACCION
GRUPO CANTÓN

La noche cayó pesada sobre Tenango del Valle y, con ella, emergió el horror. Entre los surcos de un maizal, oculto bajo hojas secas y tierra húmeda, yacía el cuerpo destrozado de un joven. La violencia lo había abandonado ahí, como si el campo fuera tumba improvisada y testigo mudo de un crimen salvaje.

El hallazgo ocurrió en la colonia La Campesina, en el paraje de San Joaquín. Vecinos que caminaban por la zona notaron algo extraño entre las plantas: una silueta inmóvil, un zapato asomando entre el rastrojo. “Pensamos que era alguien tirado, pero cuando vimos la cara llena de golpes supimos que estaba muerto”, relató un habitante, aún con la voz quebrada por el espanto.

Paramédicos de Protección Civil llegaron al sitio solo para confirmar lo inevitable. El joven ya no respiraba. Su cuerpo mostraba múltiples politraumatismos: rostro amoratado, costillas castigadas, señales claras de una golpiza sin piedad. “A éste lo mataron a golpes”, murmuró un testigo mientras la escena era acordonada por policías estatales.

La víctima, de entre 20 y 25 años, vestía chamarra y chaleco azul, pantalón de mezclilla y una pechera negra. No llevaba identificación alguna. Para la ley, era un desconocido más. Sin embargo, entre sus pertenencias apareció un detalle que heló la sangre: una carta de amor, doblada y manchada de tierra, como si alguien hubiera querido borrar su historia a golpes, pero no sus sentimientos.

“¿Quién le escribió esa carta?, ¿a quién iba dirigida?”, se preguntaban vecinos entre murmullos de miedo y morbo. Mientras peritos de la Fiscalía realizaban el levantamiento del cadáver y lo trasladaban al Semefo, la comunidad quedó sumida en la incertidumbre.

El joven espera ser identificado; su agresor, en cambio, sigue suelto. En Tenango, el maizal ya no solo da cosecha: ahora guarda sangre, silencio y una muerte sin nombre.

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