Visitas
- Coloca los derechos sociales en el centro de su administración
- Se plantean SEDATU y Presidencia edificar 1.8 millones de casas
- Asegura que un hogar digno dejó de ser un privilegio con la 4T
Juan R. Hernández
Ciudad de México.- El Salón Tesorería arrancó distinto. Antes de cifras, gráficas y metas sexenales, Claudia Sheinbaum hizo una pausa poco común en la rutina de la mañanera. Con una sonrisa franca, pidió un aplauso para Valeria Palacios Cruz, joven veracruzana egresada del Conalep y del Tecnológico Nacional de México, ganadora de una medalla mundial en Educación por un proyecto de inteligencia artificial, robótica y drones enfocado en mejorar su comunidad. El reconocimiento marcó el tono: educación pública, talento y futuro.

Luego vino el tema central. “Hoy vamos a hablar de vivienda”, anunció la Presidenta, mientras el murmullo de reporteros se transformaba en atención plena. No era un anuncio menor: Vivienda para el Bienestar ya no es promesa, sino obra en marcha. Sheinbaum puso la meta sobre la mesa sin rodeos: al menos un millón 250 mil familias, que ganan entre uno y dos salarios mínimos, con casa propia. Edna Vega, desde SEDATU, subió la apuesta: 1.8 millones de viviendas como horizonte.
Las cifras cayeron como martillo: 393 mil viviendas ya suscritas, 420 mil apoyos otorgados, 270 mil documentos de certeza jurídica entregados y 4.8 millones de créditos impagables reestructurados. En Palacio Nacional, la vivienda dejó de ser maqueta para convertirse en block, losa y escritura.
Las imágenes proyectadas reforzaron el mensaje. Unidades habitacionales en Los Cabos, Sonora, Nayarit, Hidalgo, Puebla, Chiapas, Tabasco y Yucatán. No renders, insistieron. Casas reales, de 60 metros cuadrados, bien ubicadas, con servicios, pensadas para quienes nunca habían tenido oportunidad.
El ambiente se relajó cuando la Presidenta se permitió bromear. “Ya estoy preguntando como reportera”, dijo, arrancando risas al cuestionar si quienes ganan más de dos salarios mínimos seguirán teniendo acceso a créditos. La respuesta fue clara: sí, pero el corazón del programa está en quienes menos tienen.
El cierre fue político y simbólico. Sheinbaum habló de derechos: educación, salud, vivienda y salario digno. Dejó claro que el eje no es el mercado, sino la justicia social. Mientras los funcionarios guardaban sus carpetas, quedó flotando la idea central de la mañana: para este gobierno, la vivienda no es un privilegio, es un derecho, y ya se está construyendo.
