60 lecturas
Por Eduardo López Betancourt
La Facultad de Derecho de la UNAM es, sin duda, la institución jurídica más relevante del país. De sus aulas han egresado innumerables profesionistas que, con el tiempo, se convirtieron en catedráticos de los más diversos centros de enseñanza en materia legal a lo largo de la nación. El Instituto de Investigaciones Jurídicas, perteneciente a la misma Casa de Estudios, ha dependido históricamente del cuerpo docente formado en la egregia Facultad de Derecho; de hecho, dicho instituto constituye un apéndice natural de esta, aunque en ocasiones pretenda situarse por encima, circunstancia que resulta, cuando menos, insólita.
Grandes juristas impartieron cátedra con brillantez en la Facultad de Derecho.
Recordemos, entre otros, a Raúl Cervantes Ahumada, destacado mercantilista de sólida prosapia; a Celestino Porte Petit, el más notable penalista mexicano e impulsor de la dogmática jurídico-penal; a Andrés Serra Rojas, sin parangón en el ámbito del Derecho Administrativo y con autoridad reconocida en múltiples disciplinas; al doctor Antonio Martínez Báez, figura siempre vigente en materia constitucional; y a don Mario de la Cueva y de la Rosa, quien en Derecho Laboral no tuvo rival.
Podrían mencionarse, al menos, una docena más de académicos excepcionales. Entre ellos destaca César Sepúlveda, quien en el campo del Derecho Internacional brilló con luz propia; de igual forma, Ernesto Flores Zavala, auténtico referente en Derecho Administrativo y Fiscal. Con legítimo orgullo debe recordarse también a Roberto Mantilla Molina, jurista de talla internacional y magistral académico en materia mercantil, cuya obra fue incluso traducida al italiano. Inolvidable resulta igualmente Fernando Castellanos Tena, así como los ilustres maestros provenientes de España durante la dictadura franquista, entre los que sobresale Wenceslao Roces, traductor de la obra cumbre de Carlos Marx, El Capital.
Hoy, figuras de esa estatura han desaparecido del panorama docente de la Facultad de Derecho. Se resiente la ausencia de académicos con semejante talla intelectual; la mediocridad no puede ni debe imponerse, y mucho menos el llamado “chambismo”. Por ello, se espera y confía en que la doctora Sonia Venegas Álvarez, en su etapa como directora, logre restituir la calidad académica a los niveles de antaño. Su solvencia intelectual, talento y preparación permiten albergar la esperanza de que se reaviven las grandes luces que en otros tiempos distinguieron a la Facultad de Derecho, institución que, lamentablemente, en años recientes ha sufrido una de las caídas más severas en lo que respecta a docentes de primera línea.