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La inundación registrada en la comunidad de Santa Cruz Chignahuapan, exhibe una serie de omisiones acumuladas en materia de infraestructura hidráulica y mantenimiento urbano
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En la comunidad de Santa Cruz Chignahuapan, el desbordamiento que inició a finales del 2025, y que hoy en día siguen padeciendo a enero del 2026 no solo arrastra muebles, y enseres también expone la fragilidad de un gobierno municipal que, pese a repetir en el cargo, no logra corregir fallas elementales. La inundación dejó claro que el problema no nació con la tormenta, sino con años de desatención a la red de drenaje.
Habitantes de la comunidad del municipio de Lerma, relatan que los canales pluviales y colectores permanecían saturados por azolve desde hace tiempo. Las solicitudes para su limpieza, aseguran, fueron reiteradas ante distintas áreas del ayuntamiento, sin obtener respuesta.
La administración de Miguel Ángel Ramírez Ponce, hoy en su segundo periodo, dejó correr el tiempo hasta que la lluvia terminó por colapsar una infraestructura ya rebasada.
Tras el siniestro, la reacción oficial ha sido lenta y fragmentada. A varios días del evento, el desagüe del agua acumulada avanza con dificultad, mientras decenas de familias continúan en viviendas húmedas, insalubres y con pérdidas que nadie ha cuantificado formalmente. La ayuda prometida no ha llegado con la urgencia que la emergencia exige.
El caso de Lerma no es aislado. Datos oficiales ubican al Estado de México como una de las entidades con mayor número de zonas vulnerables a inundaciones, muchas de ellas identificadas desde años atrás. Santa Cruz Chignahuapan figuraba entre esos puntos de riesgo, sin que se tradujera en obras preventivas o mantenimiento constante.
El estancamiento del agua abre ahora un nuevo frente: el sanitario. Vecinos temen brotes de infecciones y la proliferación de mosquitos, mientras niños y adultos mayores enfrentan condiciones cada vez más precarias. La reelección prometía experiencia y corrección de errores; en los hechos, dejó continuidad en el abandono.
Para las familias afectadas, la inundación no fue una sorpresa, sino la consecuencia lógica de un gobierno que no atendió lo básico. El agua bajará, pero la evidencia de la negligencia permanecerá.