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Motocicletas escandalosas

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Por Eduardo López Betancourt

elb@unam.mx

El estruendo insoportable que generan ciertos vehículos de dos ruedas con gran potencia resulta inadmisible y debería prohibirse, sobre todo en áreas densamente pobladas. En las vías que conectan con la Ciudad de México es común observar unidades de alto cilindraje rebasando los 200 kilometros por hora, utilizadas para efectuar carreras temerarias cuyo desenlace suele ser trágico. Es evidente que la Guardia Nacional se ve rebasada, imposibilitada para detener a estos auténticos cafres que se desplazan en grupos con apariencia de pandilleros, portando chamarras negras y botas ostentosas, exhibiendo actitudes agresivas y delictivas.

Han sido inútiles las redadas realizadas por diversas autoridades, por lo que resulta urgente adoptar estrategias distintas. La realidad es que, en carretera, la manera violenta en que conducen es desagradable, pero lo verdaderamente alarmante es que lo mismo ocurre dentro de las ciudades. Por ejemplo, en avenidas de la capital del país, especialmente cuando hay poco tránsito, escuchamos detonaciones que generan estas máquinas del terror, rebasando ampliamente los decibeles permitidos. Dichas explosiones acústicas son incompatibles con la vida cotidiana y se convierten en un tormento.

Quienes manejan estos artefactos disfrutan provocando al vecindario, se sienten invulnerables y desafían abiertamente la normatividad vial. En este punto, es indispensable aplicar sanciones severas para evitar daños a la salud. Los tímpanos sufren, los nervios se alteran y, en general, se produce una perturbación auditiva a causa de esos estruendos infernales que rompen la tranquilidad de la población, una escena que se repite a diario.

Las motocicletas pueden ser un medio práctico de desplazamiento personal; sin embargo, lo que no puede tolerarse bajo ninguna circunstancia es el escándalo provocado por quienes disfrutan del exceso de potencia, alterando el orden y la paz pública. Les satisface realizar arrancones, acelerar sin sentido y perjudicar el medio ambiente, usando el ruido como un mecanismo de agresión.

Ha llegado el momento de imponer medidas contundentes contra estos individuos con comportamientos antisociales, quienes, además, en muchos casos pertenecen a sectores con fuerte capacidad económica, lo que les permite adquirir vehículos de alto rendimiento cuyo único propósito termina siendo alterar la convivencia social y exhibir actitudes totalmente reprobables.

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