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Por Pedro Linares Manuel
Desde los orígenes de la humanidad, el ser humano ha buscado algo más que sobrevivir: ha buscado sentido. Esta búsqueda no es moderna ni exclusiva de una cultura; es universal. Por eso, a lo largo de la historia, encontramos a grandes hombres que atravesaron procesos profundos de transformación interior antes de convertirse en guías espirituales, éticos o morales de la humanidad. A ellos se les reconoce como grandes iniciados.
Jesús de Nazaret se retira al desierto antes de iniciar su misión pública; Buda abandona el palacio y atraviesa la experiencia del sufrimiento y la iluminación.
PREPARACIÓN INTERIOR
Mahoma se aparta en la cueva de Hira; Krishna instruye a Arjuna en el conocimiento del deber y la conciencia. En todos los casos, la iniciación aparece como un proceso de preparación interior antes de asumir una responsabilidad mayor ante la vida y la comunidad.
En la Masonería, la iniciación cumple la misma función. Iniciarse no significa ingresar a un grupo, sino comenzar un método de formación personal. La iniciación masónica es un rito simbólico mediante el cual el ser humano reconoce su ignorancia, su imperfección y su disposición a aprender. No se le entregan verdades acabadas; se le introduce a un lenguaje simbólico que deberá estudiar, reflexionar y aplicar a lo largo de su vida.
ESCUELA INICIÁTICA
La Masonería es una escuela iniciática porque enseña por grados, por experiencia y por vivencia. Cada grado representa un nivel de comprensión y de trabajo interior. El iniciado no avanza por acumulación de conocimientos, sino por integración de aprendizajes. El símbolo, el ritual y el silencio funcionan como herramientas pedagógicas que permiten al individuo conocerse, ordenarse y comprender su lugar en el mundo. Un ser humano se inicia en la Masonería cuando está dispuesto a someterse a un proceso de formación constante, a trabajar sobre sí mismo y a asumir compromisos éticos. La iniciación marca el inicio de un camino de estudio, disciplina y reflexión que no termina con una ceremonia, sino que continúa durante toda la vida del masón. Por eso, la Masonería no es un sistema de creencias, sino un método de construcción humana. Forma individuos capaces de pensar, de actuar con responsabilidad y de aportar a la sociedad desde la conciencia. La iniciación masónica no transforma mágicamente a nadie; ofrece una estructura, un método y un lenguaje simbólico para que cada persona se transforme a sí misma. Libros y contenidos: www.mentisnovatea.com | Citas psicológicas: WhatsApp 5644104184.