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Gnosis para el alma moderna

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Por Pedro Linares Manuel

El ser, el yo y la esencia

Desde la antropología gnóstica, el ser humano no es solo un organismo biológico ni un sujeto social determinado por la cultura. Es una estructura compleja de conciencia, donde conviven tres realidades fundamentales: el Ser, el Yo y la Esencia. Comprender esta triada permite explicar por qué el ser humano sufre, se contradice y repite patrones, pero también por qué posee la capacidad de despertar y transformarse.

El Ser es la dimensión ontológica más profunda del ser humano. No es una idea ni una creencia, sino la realidad esencial que sostiene la existencia. En términos antropológicos gnósticos, el Ser representa la herencia espiritual de la humanidad, presente en todas las culturas antiguas bajo distintos nombres: espíritu, principio divino, chispa sagrada. El Ser no nace ni muere; es conciencia pura y sabiduría innata.

MULTIPLICIDAD DE YOES

El Yo, por el contrario, es una construcción histórica y psicológica. Desde la antropología gnóstica, el Yo no es una identidad unificada, sino una multiplicidad de yoes formados por condicionamientos culturales, traumas, miedos, deseos y aprendizajes sociales. Cada cultura, familia y época refuerza determinados yoes, moldeando conductas que el individuo llega a confundir con su verdadera identidad. Así, el ser humano dice “yo soy así”, cuando en realidad describe un hábito aprendido.

Entre el Ser y el Yo se encuentra la Esencia, el núcleo consciente original del ser humano. La Esencia es lo más auténtico, lo que permite la percepción directa de la realidad. En la infancia, la Esencia se manifiesta con mayor libertad; sin embargo, a medida que el individuo se adapta a la cultura y a las exigencias sociales, queda aprisionada por el Yo. Desde la antropología gnóstica, este fenómeno explica por qué la mayoría de las personas viven dormidas, actuando mecánicamente.

La propuesta gnóstica, desarrollada por el Maestro Samael Aun Weor, plantea que el verdadero desarrollo humano no consiste solo en progreso social o tecnológico, sino en liberar la Esencia y permitir la expresión consciente del Ser. Esto se logra mediante la autoobservación, la comprensión de los yoes y un trabajo interior constante.

Así, la antropología gnóstica redefine al ser humano: no como un ente terminado, sino como un proyecto de conciencia. Reconocer al Yo, rescatar la Esencia y reconectarse con el Ser es el camino hacia una humanidad más consciente, libre y auténtica.

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