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Policías de Temoaya corrompidos por el mal… Matan aquellos los que deben proteger a la ciudadanía

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Detuvo la fiscalía mexiquense a dos agentes de seguridad luego de ser acusados de asesinar a un hombre; Los servidores públicos ya están tras las rejas

Redacción

En el municipio de Temoaya la confianza se hizo pedazos y el uniforme quedó manchado de sangre. Dos policías municipales fueron capturados por la Fiscalía General de Justicia del Estado de México tras ser señalados como los presuntos homicidas de un hombre al que, lejos de proteger, habrían cazado, golpeado y rematado en una escena digna de una pesadilla.

Los hechos ocurrieron la noche del 17 de septiembre de 2025, cuando Berta “N” e Ismael Jair “N”, a bordo de una patrulla oficial, interceptaron a la víctima en el kiosco de la colonia Solalpan, Primera Sección. El hombre reconoció de inmediato a Ismael Jair como su agresor previo: ya lo había golpeado y robado antes. Aterrorizado, intentó huir… pero la muerte ya lo seguía de cerca.

Fue alcanzado metros adelante, sobre la calle 30 de enero. Ahí comenzó la brutalidad. De acuerdo con la investigación, los policías accionaron sus armas de cargo. El hombre cayó herido, vulnerable, pero la violencia no terminó. Los uniformados descendieron, lo golpearon en la cabeza y le robaron sus pertenencias mientras agonizaba. Luego, lo obligaron a ocultarse en una milpa, como si intentaran desaparecerlo mientras la vida se le escapaba lentamente.

Un testigo quiso auxiliarlo, pero la oficial Berta “N” lo amenazó de muerte. Nadie pudo acercarse. Nadie pudo ayudar. El hombre murió desangrado, sin atención, sin piedad, sin justicia… hasta ahora.

Tras meses de investigación, la Fiscalía reunió pruebas, obtuvo la orden de aprehensión y los capturó afuera de la Dirección de Seguridad Pública Municipal. Ambos fueron ingresados al penal de “Santiaguito”, en Almoloya de Juárez, donde enfrentarán proceso por homicidio calificado.

Vecinos de la zona no ocultan su indignación. “¿A quién le tenemos miedo ahora? Si ya no nos matan los delincuentes, nos matan los que deberían cuidarnos”, lamentó un habitante que aún recuerda aquella noche como una película de terror.

La herida en Temoaya no es solo la muerte de un hombre. Es la traición de quienes cargan la placa y el arma para defender… y que, presuntamente, decidieron usarlas para matar.

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