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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En Atlacomulco, el robo dejó de ser un incidente ocasional para convertirse en una amenaza constante que hiere la vida comercial del municipio. La más reciente evidencia ocurrió este 6 de enero, cuando cámaras de seguridad captaron a una banda integrada por seis mujeres que sustraen artículos de un establecimiento con precisión calculada. El material, que se viralizó en cuestión de horas, no solo exhibió el acto delictivo, sino el hartazgo de una comunidad que se siente abandonada.
Las imágenes muestran cómo, mientras algunas integrantes fingen comprar, otras observan el entorno y vigilan entradas y salidas. En un movimiento sincronizado, ocultan productos en bolsas y se retiran sin prisa, confiadas en que nadie las detendrá. Lo que para ellas es un botín, para los comerciantes representa pérdidas que golpean su esfuerzo diario y la estabilidad de sus familias.
Vecinos y dueños de negocios coinciden: este tipo de saqueos no es nuevo. Relatan que las tiendas se han convertido en blanco frecuente, sobre todo en fechas de alta afluencia. La queja es directa y contundente: la presencia policial es insuficiente y, cuando llega, casi siempre es tarde. “Nos dejan solos”, expresan con frustración.
El temor no solo es económico, también emocional. La gente vive vigilante, con la sensación de que cualquiera puede ser la próxima víctima. Por ello, exigen acciones firmes, patrullajes constantes y estrategias reales que devuelvan la confianza a quienes todos los días luchan por sostener sus negocios y su dignidad.