347 lecturas
Por Ricardo Sevilla
La detención de Eduardo ‘N’ por parte de la Fiscalía General de la República (FGR) ha sido un una pieza fundamental en el desmantelamiento de la peor trama de corrupción penitenciaria del sexenio encabezado por el (malandrinazo) Felipe Calderón.
Eduardo ‘N’, un tipo que ocupó cargos de alta responsabilidad en el sistema de seguridad federal, ahora lo sabemos, habría participado en el esquema de peculado más ambicioso de la historia moderna de México: la privatización encubierta de los Centros Federales de Readaptación Social (CEFERESOS).
Pero déjeme contarle los detalles, con datos duros: entre 2008 y 2012, bajo la protección del delincuente Genaro García Luna, mano derecha de Calderón, se adjudicaron contratos directos a ciertas empresas predilectas del calderonato para la construcción y gestión de prisiones federales.
Y eran una auténtica madeja de corrupción.
Estos contratos, firmados por Eduardo ‘N’, presentaban sobrecostos de hasta el 300% en comparación con los gastos de mantenimiento de prisiones estatales.
Y eso no es todo.
La investigación de la FGR revela que el dinero no se destinó a la rehabilitación de internos, sino a una red de lavado de dinero que, incluso, involucra paraísos fiscales.
Ahora bien, Eduardo ‘N’ no era un operador de pacotilla; el fungía como el “brazo administrativo” que legalizó, mediante su firma, el saqueo del erario bajo la fachada de “Seguridad Nacional”.
El modelo de cárceles privadas implementado en ese gobierno transformó al delincuente en una unidad de lucro.
Esto quiere decir que la administración de Calderón dejó de buscar la reinserción para buscar la rentabilidad de las celdas.
Eduardo ‘N’, un auténtico pillo, no actuó como un servidor público, sino como un gestor de activos para una élite burocrático-criminal.
Lamentablemente, el dinero que faltó en las escuelas, sobró en los bolsillos de quienes gestionaban las cárceles. Miserables!