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El esquema ilegal del préstamo siembra miedo que desgarra la tranquilidad comunitaria. Familias completas viven bajo la presión de amenazas, cobros desmedidos y persecución constante
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En Hueypoxtla, el miedo no se escucha en balas ni en sirenas: se siente en llamadas, golpes a la puerta y amenazas que no dan descanso. Bajo el disfraz del préstamo rápido, el “gota a gota” se ha consolidado como una maquinaria de presión que doblega a ciudadanos que alguna vez creyeron encontrar ahí una salida a su crisis económica y hoy viven sometidos a un infierno cotidiano.
Lilia N. es uno de esos rostros que decidieron no callar. Lo que comenzó como un apoyo financiero en marzo de 2025 terminó convertido en una trampa: de los 200 mil pesos que solicitó, la cifra ahora roza los 600 mil, producto de intereses impagables y sanciones impuestas sin límite ni regulación. Ella afirma que la persecución es constante, que los cobradores merodean su hogar, la insultan, la intimidan y le recuerdan, una y otra vez, que nada es suficiente si no entrega más dinero. El desgaste económico vino acompañado de un colapso emocional que arrastró a su familia entera.
Desesperada por la falta de seguridad en su municipio, Lilia acudió a la Fiscalía Regional de Tecámac para denunciar formalmente, señalando a quien identifica como uno de sus principales agresores: Jesús Jandete Sánchez. Su decisión no solo busca justicia para ella, sino evidenciar lo que muchos callan por temor. “Si nadie habla, esto nunca va a parar”, asegura.
Entre vecinos, el sentimiento es compartido: la gente habla en voz baja, mira sobre el hombro y señala que, mientras este fenómeno crece, la respuesta institucional parece insuficiente. Temen denunciar, desconfían de las corporaciones locales y se sienten desamparados ante un flagelo que despoja patrimonio, tranquilidad y esperanza.
Hoy, Hueypoxtla no solo enfrenta un problema financiero: enfrenta una violencia silenciosa que hiere a la comunidad. La exigencia es clara: que las autoridades reaccionen antes de que el terror económico termine por arrebatar lo poco que aún queda intacto en la vida de estas familias.
