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Por Pedro Linares Manuel
PSICOLOGÍA INCLUSIVA
El año 2026 nos enfrenta a un escenario psicológico sin precedentes. Vivimos en una sociedad hiperconectada, acelerada y tecnológicamente dependiente, donde la inteligencia artificial, las redes sociales, los videojuegos, las plataformas digitales y el uso constante de pantallas están transformando no solo la manera de comunicarnos, sino también la forma en que pensamos, sentimos y nos vinculamos.
La psicología inclusiva, en este contexto, enfrenta nuevos retos que van más allá del diagnóstico tradicional. Hoy no basta con comprender los trastornos; es indispensable entender el entorno que los potencia, los normaliza o incluso los invisibiliza. Ansiedad generalizada, depresión funcional, trastornos de personalidad, crisis de identidad, aislamiento emocional y dificultades vinculares aparecen cada vez con mayor frecuencia, especialmente en niños, adolescentes y jóvenes que crecieron frente a una pantalla.
LA NEURODIVERGENCIA
Uno de los grandes desafíos de la psicología inclusiva en 2026 es no patologizar la diferencia. La neurodiversidad exige que dejemos de medir a las personas con una sola vara. No todos procesan la información igual, no todos regulan sus emociones del mismo modo y no todos necesitan los mismos tiempos ni los mismos estímulos. Incluir implica adaptar los entornos, no forzar a las personas a encajar.
Otro reto central es el impacto emocional de la tecnología. La comparación constante, la validación digital, la sobreestimulación dopaminérgica y la pérdida del contacto humano están generando nuevas formas de malestar psicológico. La psicología inclusiva debe aprender a dialogar con la tecnología sin demonizarla, pero también sin idealizarla, estableciendo límites saludables y promoviendo un uso consciente.
EMPATÍA CLÍNICA
En 2026, la inclusión también pasa por la empatía clínica. Escuchar sin prejuicios, comprender sin etiquetar y acompañar sin imponer. La psicología inclusiva no busca corregir al individuo, sino comprender su historia, su contexto y su forma única de existir.
El verdadero reto no es técnico, es humano: recordar que detrás de cada diagnóstico hay una persona, y que la salud mental no se construye desde la exigencia, sino desde la comprensión, la dignidad y el respeto.