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Mediante invasiones militares, golpes de Estado, operaciones encubiertas de la CIA y presiones político-militares
JUAN R. HERNÁNDEZ
GRUPO CANTÓN
Ciudad de México.- En los últimos 80 años, Estados Unidos ha intervenido directa o indirectamente en al menos 15 países de América Latina en más de 30 ocasiones, mediante invasiones militares, golpes de Estado, operaciones encubiertas de la CIA y presiones político-militares.
Guatemala (1954) registra una intervención clave; Cuba suma al menos dos (Bahía de Cochinos en 1961 y el prolongado bloqueo); Chile una decisiva (1973); Nicaragua al menos dos en el siglo XX; Panamá una invasión directa (1989); Haití dos intervenciones mayores (1915 y 1994, esta última dentro del periodo reciente ampliado); Honduras una acción indirecta (2009), y Venezuela múltiples episodios de injerencia política desde 2002.
El antecedente más emblemático del periodo moderno ocurrió en Guatemala en 1954, cuando la CIA organizó el derrocamiento del presidente Jacobo Árbenz tras su reforma agraria que afectó intereses de la United Fruit Company. En Cuba (1961), la invasión de Bahía de Cochinos buscó sin éxito derrocar a Fidel Castro, fortaleciendo a la Revolución.
En Chile (1973), Washington respaldó logística y financieramente el golpe contra Salvador Allende, que abrió paso a la dictadura de Augusto Pinochet. Una década después, Granada (1983) fue invadida por tropas estadounidenses bajo el argumento de frenar la influencia soviética.
Durante los años 80, Nicaragua fue escenario de otra intervención indirecta con el apoyo a la “Contra” contra el gobierno sandinista. En Panamá (1989), la operación “Causa Justa” derrocó al general Manuel Noriega, antiguo aliado de Washington.
En la década de los 90, Haití (1994), fuerzas estadounidenses restituyeron al presidente Jean-Bertrand Aristide, quien años después volvió a ser depuesto con respaldo externo.
Ya en el siglo XXI, Venezuela se convirtió en un nuevo foco: Estados Unidos fue señalado por apoyar el fallido golpe contra Hugo Chávez en 2002 y por presionar política y económicamente al gobierno de Nicolás Maduro. En Honduras (2009), Washington fue acusado de tolerar o respaldar el golpe que depuso a Manuel Zelaya.
Especialistas coinciden en que estas acciones —justificadas como contención del comunismo, combate al narcotráfico o defensa de intereses estratégicos— redefinieron gobiernos, afectaron liderazgos y dejaron secuelas de inestabilidad.
La historia de la región muestra una constante: la política exterior estadounidense ha oscilado entre la intervención directa y la injerencia encubierta, con efectos duraderos sobre la soberanía latinoamericana.