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Madres de familia desplegaron ingenio y sacrificio para cumplir los deseos que los niños plasmaron en sus cartitas con presupuesto limitado y precios elevados, familias mexiquenses preservaron la ilusión
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
Mientras las cámaras empresariales presumen crecimiento y cifras positivas para la temporada, en los hogares mexiquenses se libró otra historia, mucho más humana y compleja. Es la lucha cotidiana de madres y padres que, con creatividad y sacrificio, intentaron convertir en realidad los deseos escritos con ilusión por sus hijos. Allí, lejos de los balances económicos, late el verdadero espíritu del Día de Reyes.
“Desde octubre empecé a guardar lo que podía. Dejé antojos, ahorré monedas, todo para que mañana despierten felices”, cuenta María Solís, empleada doméstica y madre de dos pequeños, que guarda con sigilo los juguetes en el fondo de un clóset.
Su testimonio se repitió en colonias, barrios y municipios donde la ilusión infantil compite con presupuestos ajustados y precios que no perdonan.
Aunque las autoridades recomendaron comprar en establecimientos formales, para muchas familias esto es simplemente imposible. El ambulantaje, los tianguis y las compras en puestos informales se convirtieron en una opción de supervivencia. “Recorro varios lugares, comparo, negocio, porque cincuenta pesos hacen la diferencia entre un juguete más o la rosca en la mesa”, explica Javier Ortega, albañil, que no esconde su cansancio, pero tampoco su esperanza.
Detrás de cada regalo hay historias de esfuerzos multiplicados: padres que aceptaron turnos extra, madres que vendieron comida y familias que ajustaron gastos básicos para regalar un instante de alegría. “Tal vez no podemos darles todo, pero damos lo mejor que podemos. A veces es un solo obsequio, pero es el que soñaron”, comparte Ana, trabajadora y madre de familia.
La recompensa llegó al amanecer de este 6 de enero, cuando el cansancio se diluye ante las sonrisas infantiles. Porque más allá del tamaño, la marca o el costo del juguete, el valor real se encuentra en el amor que lo hizo posible. Como dice Javier: “Ellos creen en los Reyes Magos… y nosotros creemos en su felicidad. Esa es la verdadera magia”.
Así, entre cifras oficiales y discursos optimistas, se escribe la crónica auténtica del Día de Reyes: la de familias que, aun con carencias, sostienen la ilusión. Porque la derrama más importante no es económica, es emocional, y fluye en esos hogares donde, contra todo, la tradición sigue viva.
