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¡Por los cielos la Rosca de Reyes! Vecinos manifiestan indignación, preocupación y tristeza

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La escalada de precios convierte el tradicional pan en un lujo difícil de pagar derivado del encarecimiento de insumos, energía y cargas fiscales que impacta directamente en los bolsillos 

REDACCIÓN

GRUPO CANTÓN

La emoción que solía acompañar la llegada del Día de Reyes hoy se mezcla con molestia y resignación entre familias mexiquenses que enfrentan precios cada vez más elevados para adquirir la tradicional rosca.

Lo que antes era una costumbre sencilla y cercana ahora se percibe como un gasto que muchos hogares simplemente no pueden asumir sin sacrificar otras necesidades básicas. Hoy se cotiza desde los 50 pesos la pieza más pequeña, mientras que las de mayor tamaño y con características especiales superan los 300 pesos.

En panaderías de barrio, mercados y cadenas comerciales, los costos exhibidos provocan gestos de sorpresa e inconformidad. “Cada año sube, pero ahora se pasaron. Antes comprábamos dos roscas para repartir entre abuelos, tíos y nietos; ahora apenas juntamos para una pequeña”, comenta con evidente frustración Laura Hernández, habitante de Toluca, quien asegura que la fiesta ya no se vive con el mismo ánimo cuando el bolsillo impone límites tan severos.

El aumento en el precio de la harina, el huevo, la mantequilla y la levadura, así como el encarecimiento de energía y transporte, ha presionado al sector panificador, que se declara atrapado entre la necesidad de sobrevivir como negocio y la responsabilidad social de mantener accesible un producto culturalmente significativo. Panaderos de la región reconocen que muchos clientes regresan con menos presupuesto y con la mirada puesta en opciones más baratas, aunque sean de menor calidad o sabor.

En colonias populares, la decisión es dura: compartir una rosca más pequeña, sustituirla por productos más económicos o, simplemente, prescindir de ella. “Da tristeza decirle a los niños que este año no habrá rosca como antes”, afirma Roberto Martínez, vecino de Metepec, quien describe una mezcla de enojo y desilusión ante una tradición que se escapa entre cifras y aumentos.

Mientras autoridades llaman a comparar precios y evitar abusos, la población exige algo más que recomendaciones: piden sensibilidad, políticas económicas que protejan el consumo básico y respeto a las tradiciones que fortalecen la convivencia social. La Rosca de Reyes, convertida ahora en termómetro del desgaste económico, deja un mensaje claro: cuando el costo de celebrar supera la capacidad de las familias, no solo se pierde una costumbre, también se fractura una parte del tejido comunitario.

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