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En la segunda mañanera del 2026, reivindica Claudia la cercanía con la gente

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  • Explica que un joven saltó una valla para exponerle un caso “muy delicado”
  • Reitera que no ignorarán las denuncias de las víctimas del Tren Interoceánico
  • Afirma que cuatro pilares sostienen la relación de México con Estados Unidos

Juan R. Hernández

Ciudad de México.- En su segunda conferencia matutina de 2026, Claudia Sheinbaum no habló solo desde el atril. Habló desde la convicción de quien se sabe observada de cerca —y a gusto con ello—. “Me gusta estar cerca de la gente, es algo extraordinario, hermosísimo”, dijo, con un tono más personal que protocolario, como si la frase aún trajera el eco del domingo en Tizayuca, Hidalgo.

Ahí, entre polvo de obra y cascos de construcción, supervisaba un nuevo CBTIS cuando la agenda se desdibujó. El acto era privado, pero afuera se habían congregado cientos. Sheinbaum pidió que los dejaran pasar. No hubo vallas ni barreras. Solo gente y presidenta. En ese escenario, un joven se abrió paso hasta el micrófono. No fue un descuido de seguridad, aclaró ella misma, sino consecuencia de una decisión deliberada: abrir el espacio.

“Normalmente hay una pequeña valla para evitar el apachurramiento”, explicó, usando una palabra que humanizó el momento y arrancó sonrisas entre los reporteros. El joven ya había expuesto antes un caso “muy delicado” relacionado con justicia. Ella lo escuchó afuera. Pero la desesperación lo empujó a insistir frente al templete. No hubo forcejeo ni sobresalto. El equipo lo atendió y el caso, dijo Sheinbaum, ya fue turnado incluso a la Fiscalía General de la República.

La conferencia avanzó y el tono cambió, pero no el fondo: cercanía sin evasión. Al referirse al descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca, donde viajaban más de 240 pasajeros, subrayó que las denuncias de las víctimas no serán ignoradas. Habrá peritajes, investigaciones y deslinde de responsabilidades. Hay seguros del proyecto y del gobierno federal para la reparación integral del daño, recalcó.

En el cierre, volvió a la agenda mayor. La relación con Estados Unidos, dijo, se sostiene en cuatro pilares: respeto a la soberanía, responsabilidad compartida, confianza mutua y cooperación sin subordinación. El objetivo, insistió, no es retórico: reducir la violencia y construir una paz duradera.

Habló del tráfico ilegal de armas desde el norte, del consumo de drogas en Estados Unidos y de la necesidad de combatir también allá a quienes distribuyen y lavan dinero. Todo, sin elevar la voz. Como quien sabe que, al final, gobernar también es mantenerse cerca: sin vallas, sin barreras, y con la gente mirando de frente.

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