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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
Pasajeros de un autobús de la ruta Chalco–San Rafael vivieron minutos de auténtico pánico cuando un asalto terminó en una brutal balacera que dejó, literalmente, el pasillo cubierto de sangre y gritos.
Todo comenzó en el Barrio San Francisco, donde el primer delincuente subió fingiendo ser un pasajero más. Minutos después, en el Libramiento de Chalco, un segundo cómplice abordó para iniciar el atraco, mientras desde el exterior un tercer sujeto en motocicleta servía como vigilante. A la altura de Miraflores, la pesadilla explotó: armas a la vista, amenazas, empujones, manos temblorosas entregando celulares y carteras… hasta que algunos pasajeros intentaron defenderse. Fue entonces cuando el infierno se abrió.
Los delincuentes dispararon sin piedad dentro del autobús cerrado. El estruendo de los balazos rebotó en las ventanas antes de estallarlas; cuatro personas cayeron heridas, el piso se tiñó de rojo y el aire se llenó de humo, pólvora y llanto. “Era un matadero. Disparaban como locos. La gente gritaba, había sangre por todos lados”, relató una mujer que viajaba en la parte trasera, aún sacudida por el miedo.
Paramédicos y bomberos acudieron de inmediato. Tres heridos fueron trasladados de urgencia al hospital; uno más fue atendido en el lugar. El autobús quedó convertido en escena del crimen: asientos perforados, vidrios rotos, casquillos regados y huellas de pánico en cada rincón.
Mientras policías implementaban un operativo de búsqueda, los agresores lograron escapar, perdiéndose en la noche, dejando tras ellos un vehículo convertido en cápsula de horror y una comunidad con el alma herida. En Chalco, la inseguridad viaja sentada al lado de los pasajeros… y dispara cuando quiere.
La noche que debía terminar como un simple trayecto cotidiano se transformó en un viaje directo al terror.