Visitas
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
El cielo del Estado de México se llenó de globos durante la celebración del Día de Reyes y, desde este martes, el suelo, los ríos y las zonas verdes comenzaron a llenarse de sus consecuencias. Restos de plástico, listones y fragmentos de globos fueron localizados en áreas naturales del Valle de Toluca, el Valle de México y distintas regiones de la entidad, evidenciando el impacto ambiental de una tradición que, aunque emotiva, deja un daño tangible.
Especialistas ambientales consultados advierten que la situación no es menor. “Muchos de estos globos terminan en barrancas, cuerpos de agua o zonas forestales. La fauna los confunde con alimento. Hemos encontrado aves con obstrucciones digestivas y peces dañados por microplásticos”, explica el biólogo Martín Herrera, quien participa en labores de monitoreo comunitario. Detalla que algunos materiales pueden tardar entre 200 y 450 años en degradarse.
Colectivos ciudadanos y académicos alertan además sobre un problema acumulativo: cada año se repite el mismo patrón y el impacto se multiplica. “Se habla mucho de tradición, pero poco del costo ecológico que estamos heredando a los mismos niños que hoy mandan sus cartas”, señala la ambientalista Elena Cruz.
Vecinos que viven cerca de bosques y riberas también se dicen consternados por la cantidad de desechos hallados tras la festividad. Denuncian que la falta de campañas previas, educación ambiental constante y alternativas efectivas ha convertido una práctica emotiva en un factor de contaminación masiva.
La realidad ya está sobre el terreno: los globos que se elevaron por ilusión hoy permanecen como desechos. Y mientras los pequeños ya dejaron atrás la magia del 6 de enero, la naturaleza tendrá que cargar con sus efectos durante décadas.