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En pleno corazón de la zona dorada de Metepec, un cuentahabiente fue asaltado y despojado de un millón de pesos al salir del banco, el atraco fue ejecutado por dos sujetos en motocicleta
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
El espejismo de seguridad que el gobierno municipal de Metepec presume en discursos, videos promocionales y mensajes oficiales se resquebrajó brutalmente. Un asalto millonario, cometido a plena luz del día y en uno de los puntos de mayor prestigio y vigilancia del municipio, dejó en evidencia que la delincuencia sigue imponiéndose pese a la narrativa oficial de control y eficiencia.
El hecho ocurrió en Plaza Pabellón Metepec, sobre el bulevar Toluca–Metepec. Un ciudadano fue interceptado por dos individuos que viajaban en motocicleta; con arma en mano, lo despojaron de aproximadamente un millón de pesos recién retirados de la institución bancaria Afirme. La operación fue rápida, precisa y sin reacción inmediata de ninguna corporación de seguridad, a pesar de encontrarse en un espacio supuestamente blindado por tecnología y presencia policial.
La indignación social no tardó. Vecinos y comerciantes cuestionan cómo, en la zona donde el Ayuntamiento presume su mayor despliegue de cámaras, centros de monitoreo y patrullaje táctico, un robo de esta magnitud puede ejecutarse sin que los responsables sean detenidos. El suceso se vuelve aún más grave porque ocurre justo después de que el alcalde Fernando Flores Fernández difundiera mensajes celebratorios sobre supuestos avances en materia de seguridad. La realidad lo desmiente.
Las investigaciones se dirigen hacia dos frentes: la posible participación de personal interno del banco, por la evidente precisión del ataque, y la operación de una banda especializada que ya habría actuado de manera similar en la región.
Sin embargo, mientras crecen las sospechas, el gobierno municipal mantiene un discurso genérico y evasivo. No hay autocrítica, no hay explicación clara y, mucho menos, una respuesta contundente ante el evidente colapso de su estrategia de prevención.
Hasta ahora, el presidente municipal no ha dado una respuesta firme a los reclamos ciudadanos. El silencio político pesa tanto como el delito mismo: deja al descubierto una administración más preocupada por sostener su narrativa que por garantizar protección real a la gente. El mensaje que queda es devastador: ni la zona más vigilada de Metepec está realmente segura.