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Un estudio de Massive Caller exhibe niveles críticos de aceptación ciudadana en Valle de Chalco Solidaridad, Chalco, Ixtapaluca, Tecámac y Texcoco
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
El oriente del Estado de México arranca el año con un mensaje contundente desde la ciudadanía: sus gobiernos municipales están reprobados. Un estudio elaborado por Massive Caller revela una severa crisis de aprobación en los ayuntamientos de Valle de Chalco, Chalco, Ixtapaluca, Tecámac y Texcoco, donde la población percibe administraciones incapaces de resolver lo elemental y distantes de sus compromisos de campaña.
La peor calificación recae en Ixtapaluca, donde el alcalde Felipe Rafael Arvizu de la Luz se desploma a un 16.1% de aprobación. Para los habitantes, su gobierno se ha convertido en sinónimo de ausencia, promesas rotas y nulidad de resultados. Seguridad deficiente, servicios públicos fallidos y un evidente desgaste social configuran un escenario de hartazgo colectivo.
Tecámac tampoco se salva del juicio ciudadano. La presidenta municipal Rosa Yolanda Wong Romero, con apenas el 39% de aceptación, es señalada por la población por su incapacidad para atender la infraestructura deteriorada y por el clima de inseguridad que persiste pese a sus discursos de eficiencia administrativa.
Ni siquiera Texcoco, tierra política de origen de la gobernadora Delfina Gómez, escapa al desencanto. El edil Nazario Gutiérrez Martínez apenas alcanza 44.3% de aprobación. Los vecinos lo describen como un gobierno lejano, con bajo contacto social y poco resolutivo ante necesidades prioritarias.
Valle de Chalco y Chalco completan el panorama adverso. En ambos municipios, los ciudadanos acusan falta de resultados en servicios, agua, movilidad, seguridad y atención directa. Promesas incumplidas, desgaste institucional y desconfianza pública definen la percepción general.
El informe no solo mide porcentajes: desnuda una fractura entre discurso y realidad. Mientras desde el poder estatal se presume avance, en el territorio persiste la sensación de abandono. La encuesta es, en el fondo, un diagnóstico político: el oriente mexiquense vive una crisis de gobierno municipal que ya no admite maquillaje.