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El cuerpo sin vida de un hombre de 85 años fue localizado flotando entre lirios acuáticos en un vaso de agua cercano a la autopista Lerma–Tres Marías
REDACCIÓN
La serena superficie de una laguna ubicada junto a la autopista Lerma–Tres Marías, en Chapultepec, ocultaba un secreto oscuro. Entre el manto verde de lirios flotaba inmóvil el cuerpo de un anciano que, minutos después, sería identificado como Pedro “N”, de 85 años de edad.
De acuerdo con los primeros reportes, el hallazgo ocurrió durante la mañana del sábado luego que los familiares del sujeto reportaron su desaparición en los días previos a las celebraciones de Año Nuevo.
El cuerpo se encontraba flotando bocarriba entre la vegetación acuática, muy cerca de una bicicleta que presuntamente utilizaba. Debido a lo complicado del terreno, elementos de Seguridad Pública y de Protección Civil realizaron diversas maniobras para lograr el rescate.
Los familiares acudieron al sitio tras el reporte y reconocieron al adulto mayor en el lugar donde fue localizado.
“Nunca pensamos encontrarlo así… esto es devastador”, expresó entre lágrimas un familiar que observó cada instante del rescate, incapaz de apartar la vista del cuerpo ya rígido, vencido por el frío del agua y el paso de las horas.
El traslado a tierra firme fue un proceso lento, casi ritual, cargado de un silencio que cortaba la respiración. La imagen fue brutal: botas hundidas en lodo, uniformes empapados y, en medio, el cuerpo sin vida de un hombre que alguna vez caminó por esas mismas tierras.
La zona fue acordonada de inmediato. Peritos y agentes de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) realizaron las diligencias en la zona, de forma preliminar se informó que el cuerpo no presentaba signos visibles de violencia, por lo que serán los estudios forenses los que determinen las causas del fallecimiento.
El cadáver fue trasladado al Instituto de Servicios Periciales, donde la autopsia revelará la verdad que el agua calla. Mientras tanto, la laguna vuelve a lucir tranquila, pero su aparente calma quedó marcada por el eco de la tragedia. Para la familia, ya no hay dudas qué enfrentar: el duelo. Para la comunidad, queda la inquietud de un final cruel y silencioso que nadie vio venir… pero que nadie olvidará.