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Cierran jugueteros la México – Texcoco… Los inconformes acusan la exigencia de cobros irregulares y presencia de grupos de choque

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Bloquean carretera comerciantes de juguetes y vecinos de Santa Rosa, en Chicoloapan, ante desalojo forzado con violencia e intimidación del tianguis tradicional

REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN

Este fin de semana se convirtió en una larga jornada de tensión sobre la carretera México–Texcoco. A la altura de Las Fuentes, en el municipio de Chicoloapan, el tránsito quedó paralizado: filas interminables de automóviles, transporte público detenido y conductores atrapados en la incertidumbre. Pero detrás del embotellamiento no había un accidente, sino una protesta con profundo trasfondo social.

Eran los jugueteros de Santa Rosa, acompañados por vecinos, quienes decidieron cerrar la vialidad para denunciar el desalojo forzado de su tianguis tradicional y la exigencia de pagos que califican como extorsión.

Los testimonios coinciden: señalan al primer regidor municipal como responsable de encabezar un operativo irregular, respaldado —dicen— por un grupo de choque que llegó a intimidar, empujar y amedrentar a quienes por años han trabajado allí. “Nos sacaron a golpes, nos dijeron que sin ‘cooperación’ no había lugar para vender”, relató una comerciante que, entre llanto y enojo, explicó que la temporada de Reyes representa la posibilidad de cubrir gastos básicos y sostener a su familia durante meses.

En esta comunidad, el tianguis del juguete no es solo un punto de comercio; es una tradición arraigada, una fuente de empleo y una actividad que, aseguran, siempre se ha sostenido por organización vecinal. Por ello, la sospecha de privatización del espacio encendió el malestar. “Quieren hacer negocio con lo que es del pueblo. No vamos a permitir que nos borren”, expresó otro manifestante mientras levantaba una cartulina dirigida al presidente municipal Javier Mendoza, a quien exigen diálogo público y decisiones claras.

Mientras tanto, la falta de información oficial alimentó la desconfianza. Las autoridades no emitieron un posicionamiento inmediato, dejando crecer la percepción de abuso y abandono. En paralelo, miles de automovilistas quedaron atrapados; algunos molestos por la afectación, pero muchos solidarios al escuchar los motivos.

Lo ocurrido en Chicoloapan revela una herida más profunda: la disputa por el espacio público, la precariedad de la economía informal y la fragilidad de la confianza ciudadana hacia sus autoridades. Para los jugueteros no se trata solo de vender; se trata de defender su derecho a sobrevivir sin miedo ni cuotas impuestas. Ahora la responsabilidad recae en el gobierno municipal: resolver con diálogo o permitir que la inconformidad siga tomando las calles.

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