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Saldo blanco por el sismo: Después de cada fenómeno la población queda entre la incertidumbre

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Un temblor de magnitud 6.5 con epicentro en San Marcos, Guerrero, estremeció al Estado de México, la denuncia social apunta a falta de mantenimiento en viviendas, escuelas y hospitales

REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN

El fuerte movimiento telúrico de 6.5 grados que se registró la mañana del viernes sacudió no solo los inmuebles, sino también la confianza de miles de mexiquenses que, una vez más, sintieron que las autoridades reaccionaron más con discursos que con acciones. Aunque el Gobierno del Estado de México aseguró que no hubo daños estructurales de gravedad y calificó el hecho como “saldo blanco”, en colonias de municipios como Ecatepec, Naucalpan, Tlalnepantla, Nezahualcóyotl y Metepec, el panorama fue distinto: crisis nerviosas, y edificios que evidencian viejas cicatrices que nunca fueron reparadas.

“Dicen que todo está bien, pero nadie entra a nuestras casas, nadie revisa las escuelas donde estudian nuestros hijos”, reclamó María del Rosario, vecina de Naucalpan, quien asegura que el miedo ya forma parte de la vida cotidiana.

En Tlalnepantla, vecinos señalaron que el movimiento fue largo y que, tras el susto, solo encontraron silencio institucional. “Se escucharon los altavoces, pasó un helicóptero… pero en tierra no vimos brigadas. Aquí seguimos esperando inspecciones desde el último temblor fuerte”, denunció Alfredo Ramírez, integrante de un comité vecinal.

El gobierno destacó la activación de más de 10 mil altavoces de alerta sísmica, monitoreo permanente y revisiones administrativas; sin embargo, la ciudadanía reclama acciones tangibles: peritajes estructurales, programas de rehabilitación y atención real a las zonas más vulnerables, no solo cifras tranquilizadoras. El desalojo preventivo de cientos de personas en hospitales como el Centro Médico Adolfo López Mateos evidenció la fragilidad de la infraestructura y la falta de protocolos claros para la población más expuesta.

Mientras la “normalidad” fue declarada en cuestión de horas, muchas familias siguen mirando sus techos con duda, sus paredes con temor y al gobierno con escepticismo. Lo que la población exige hoy es simple, pero urgente: seguridad real, no solo calma mediática.

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