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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
Este viernes se decretó el levantamiento de la Fase I de Contingencia Ambiental; sin embargo, la realidad cotidiana no coincide con la tranquilidad oficial. En calles del Valle de Toluca, aún se percibió el aire pesado, la visibilidad reducida y una sensación de ardor en garganta y ojos.
Para muchas familias, la decisión llegó más como un movimiento administrativo que como una auténtica mejora de las condiciones ambientales. “Nos dicen que ya estamos mejor, pero seguimos respirando humo y polvo. Eso no es normalidad”, reclama Angélica López, habitante de la capital mexiquense.
La Secretaría del Medio Ambiente argumentó que los registros de partículas finas disminuyeron, pero los colectivos ciudadanos insisten en que esas cifras no reflejan el malestar real de la población. Afirman que el problema va más allá de un indicador temporal: se trata de una crisis prolongada derivada del crecimiento urbano, las emisiones industriales, el tráfico vehicular y la falta de políticas firmes. “Las autoridades apagan la alarma, pero no el foco del problema”, cuestiona Víctor Hernández, integrante de una organización ambiental.
Aunque se mantiene una fase de alerta informativa con recomendaciones para evitar actividades al aire libre, vecinos consideran insuficientes esas medidas frente a un aire que, dicen, se ha vuelto parte de una amenaza permanente. Madres y padres expresan preocupación por niñas, niños y adultos mayores que presentan tos, alergias y molestias respiratorias recurrentes. “La contingencia se va, pero las enfermedades se quedan”, sentencia la señora Leticia Romero, vecina de Metepec.
Entre desconcierto y molestia, la exigencia social se repite con fuerza: menos anuncios temporales y más acciones reales para garantizar un aire limpio y seguro.