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El vacío de poder en la Cuauhtémoc

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Por Ricardo Sevilla

Hablemos, de entrada, sobre la hora y el escenario de lo que ocurrió ayer después del sismo: eran las 14:00 horas. El suelo de la Ciudad de México apenas ha terminado de crujir. Mientras el polvo se asienta en la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco, una de las zonas con mayor memoria traumática sísmica del mundo, el silencio institucional se vuelve ensordecedor.

Ahora pasemos a los hechos, a los datos duros: Reportes ciudadanos documentan desprendimientos de mampostería en edificios emblemáticos y una fuga de gas de alta peligrosidad frente al edificio Allende.

Todo esto sucedió, como cualquier persona que tenga frente a ella un mapa, en la alcaldía Cuauhtémoc.

Durante las primeras cuatro horas críticas —el llamado periodo de oro para poder enfrentar efectivamente la gestión de crisis—, la cuenta oficial de la alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega no reportaba presencia en territorio.

Le importa un pepino

¿Hubo riesgo civil? La pregunta es necia. ¡Desde luego! La falta de acordonamiento inmediato en el edificio Allende puso en riesgo a cientos de familias ante la fuga de gas reportada.

Y le digo más: mientras Protección Civil Central operaba, el primer respondiente (la Alcaldía) presentaba una desconexión entre la narrativa de gobierno cercano y la ejecución en crisis. ¿Y quién debió responder?, si acaso cabe la pregunta. Alexandra Rojo de la Vega.

A la alcaldesa de Cuauhtémoc, le importa un cacahuate, pero en la política contemporánea, gobernar es estar. La ausencia física de Alessandra Rojo de la Vega en el lugar del desastre rompe el contrato simbólico de protección. Para el habitante de Tlatelolco, la ausencia no es solo administrativa, es una triste herencia del trauma de 1985.

La comunidad percibe que el riesgo no es solo el sismo, sino la incapacidad institucional de respuesta. En ese sentido, la fuga de gas se convierte en un riesgo manufacturado por la negligencia.

Un dato que no es menor: la alcaldía Cuauhtémoc concentra una población flotante de más de cinco millones de personas diariamente.

Pero eso no es todo. El 60% de las tuberías de gas y agua en la zona centro, donde Alexandra Rojo de la Vega está ausente, superan los 40 años de antigüedad, aumentando el riesgo de fugas post-sismo.

La alcaldesa de oposición no ha entendido, no ha querido comprender, que gobernar no es un ejercicio de comunicación, de hacer videos para TikTok; gobernar es un acto de presencia.

Un sismo desnuda las carencias de una estructura política de fachada.

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