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Asesinato de César Luis en Santiago Tianguistenco genera protestas en Xalatlaco

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La Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) se limita a repetir que “avanzan en las indagatorias”, sin ofrecer detalles sobre líneas de investigación

DANIEL ESCOBAR

El hallazgo del cuerpo sin vida de César Luis, un joven estudiante de 17 años, en un lote baldío de Santiago Tianguistenco el viernes pasado, ha sumido en dolor e indignación al municipio de Xalatlaco, de donde era originario, la cual hoy clama justicia ante la brutalidad del crimen y la lentitud de las investigaciones.

Desde que su madre identificó el cuerpo cubierto de moretones y signos de violencia extrema, el pueblo no ha dejado de movilizarse, primero en un sepelio que se convirtió en protesta silenciosa.

Con compañeros de clase, marchando junto al ataúd blanco elegido por su madre porque “aún era un niño” portando pancartas que exigían castigo para los responsables; y después en una manifestación frente al palacio municipal este lunes, donde estudiantes del Centro de Bachillerato Tecnológico (CBT) corearon consignas contra la impunidad que ya empieza a teñir el caso, pues a cinco días del hallazgo, siguen sin respuestas.

Al momento las autoridades no han identificado a los culpables, ni ofrecido avances sustanciales, alimentando el temor de que este crimen quede en el olvido como tantos otros en la región.

La indignación crece al conocerse los detalles de la desaparición de César Luis, quien fue visto por última vez en Santiago Tilapa, antes de que su cuerpo apareciera entre la maleza en un terreno abandonado de Tianguistenco, con marcas de tortura que han conmocionado incluso a los forenses.

Durante el velorio, su madre, con los puños apretados y la voz quebrada por el llanto, interpeló a las autoridades presentes: “¿Dónde estaba la policía cuando se lo llevaron? ¿Por qué tengo que enterrar a mi hijo por su incompetencia?”, mientras los compañeros del joven, muchos de ellos menores de edad, levantaban carteles hechos a mano con frases como “No fue un accidente, fue un asesinato” y “Exigimos escuelas seguras”, reflejando el miedo que ahora recorre las aulas, donde los estudiantes se preguntan si alguno podría ser el próximo.

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