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La difamación y la calumnia

Son instrumentos en nuestro sistema social que causan perjuicios irreparables. Anteriormente formaban parte del ámbito punitivo, pero hace algunos años los descalificaron de los procedimientos penales y se ubicaron exclusivamente en lo civil.

La razón fue precisa, dársele preferencia a la libertad de expresión sin limitación alguna. Lo cierto es que bajo ningún concepto puede permitirse que pretextando el esencial derecho antes mencionado, se hagan señalamientos que llegan a la crueldad, respecto a un tercero, tal es el caso que se le impute como delincuente, sin serlo o bien, se le sature de efectos o circunstancias de las cuales carece. La libertad de expresión termina donde empieza el derecho de otra persona también protegida en su intimidad, dignidad y fama pública.

Al dejarse meramente la vía civil para acusar la calumnia y difamación, de inicio tiene un costo para la víctima, quien debe contratar abogados para llevar un proceso que generalmente resulta lento, además cotidianamente jueces insensatos determinan que no existen tales acciones, en afirmaciones incorrectas y ofensivas.

Indispensablemente en estas características convienen cambiarse los mecanismos para castigar como es debido a quienes levantan falsos y los difunden en medios de comunicación, particularmente en redes sociales, donde el anonimato es la constante.

En la medida en que se sancione con ejemplaridad a perversos difamadores y calumniadores se irá recuperando el Estado de Derecho.

Valor Civil | Eduardo López Betancourt | elb@unam.mx

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